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1 de julio de 2011

La Antigua Guatemala

08062011061 “(…) la poderosa mano del Omnipotente y la indignación del Dios de las Venganzas, justificadamente irritada contra los pecadores, por la repetición de nuestras culpas, explicó sus iras sobre ella (la ciudad), destruyéndole enteramente la tarde del 29 de julio pasado (…)”.

Copia de 09062011099A partir de este momento, y una vez aprobadas las cédulas oficiales de abandono de la localidad, desde 1774 a la ciudad de Santiago de Guatemala, antigua capital de una amplia región que iba desde el Yucatán hasta Costa Rica, centro político, religioso, comercial y cultural de toda Centroamérica pesó a ser denominada La Antigua Guatemala.

En sus calles crecieron la vegetación y el polvo, algunas de sus gentes se llevaron lo necesario a la nueva capital guatemalteca, ubicada en un valle cercano; otras se quedaron malviviendo entre sus ruinas. Y esto salvó, y de qué manera, a la ciudad. 

La Antigua Guatemala no se modernizó, sus casas no se convirtieron en un mar de bloques modernos crecidos sin orden ni concierto, sus cielos no se cubrieron con cientos de cables entrelazados en el aire, sus calles no ganaron la sensación de agobiante fealdad urbana con la que cuentan muchas de las capitales americanas actuales.

10062011122A cambio, a modo de una Pompeya americana (quizá mejor de un Herculano americano), se quedó La Antigua Guatemala, con sus calles y sus casas paralizadas en el siglo XVIII, con sus dignas ruinas esperando a ser visitadas, con todo el maravilloso encanto latinoamericano de sus gentes, con el colonial y colorido aspecto de sus casas y mercadillos.

Y hasta aquí he llegado invitado por la AECID, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, cuyo Centro de Formación en Antigua Guatemala (http://www.aecid-cf.org.gt/) provoca un orgullo sincero a todos los que lo visitan.

DSC01122De hecho, este Centro ocupa las antiguas dependencias del Colegio de la Compañía de Jesús, abandonado definitivamente en 1976 tras otro terremoto que obligó a reubicar el mercadillo de artesanos que aquí pervivía. Como cuenta su web, en 1992 España y Guatemala firmaron un convenio para la realización de un proyecto de restauración, a través del Programa de Preservación del Patrimonio Cultural de Iberoamérica dependiente de la AECID, en el Colegio de la Compañía de Jesús, con el visto bueno del Consejo Nacional para la Protección de la Antigua.

Los resultados son espectaculares. No sólo las coloridas fachadas, en un rojo oscuro resultón, se integran perfectamente en el entorno de La Antigua, sino que los tres claustros hasta ahora restaurados son un ejemplo de belleza para la vista. La Iglesia anexa al Colegio se mantiene en ruinas, entiendo que a propósito: es el espíritu de La Antigua: la sabia mezcla entre ruinas bien tratadas y cuidados paisajes urbanos.

DSC01119Según la web de la AECID, el Colegio de Jesuitas estaba habitado por un número reducido de religiosos, alrededor de 12, con gran nivel intelectual y dedicados a la docencia de filosofía, filología y retórica. Ahora este centro sirve de motor cultural para la Antigua Guatemala y para todos los países de Centroamérica y Caribe que se ven beneficiados por su labor.

El edificio de la Compañía de Jesús es el ejemplo perfecto para explicar qué le pasó a la Antigua Guatemala. La Antigua fue la tercera capital de Guatemala (nombre castellanizado del cakchikel Coactemalan que significa Tierra de Bosques o Tierra Salvaje). El 10 de marzo de 1543 se celebró el primer cabildo en la ciudad.

DSC01118 Atrás había quedado la historia del conquistador de la región, Pedro de Alvarado, romántica para unos y dramática para otros, y de su mujer, Beatriz de la Cueva que le sucedió como gobernadora al morir éste en 1541 durante 40 horas, las mismas que tardó en aparecer una tormenta tropical posiblemente acompañada de un terremoto y que destruyó la hasta entonces próspera Ciudad Vieja de Santiago de Guatemala. Los supervivientes, entre los que no se encontraba la Sinventura Beatriz de la Cueva, se trasladaron definitivamente a un valle cercano, el Valle de Panchoy, donde desde 1543 se estableció formalmente Santiago de Guatemala, hoy La Antigua.

Y así comienza la historia de La Antigua Guatemala, una bellísima ciudad ubicada cerca de la unión de tres placas tectónicas y rodeada de tres inmensos volcanes, el Volcán de Agua, el Volcán de Fuego y el Volcán Acatenango, alguno todavía activo, y cuyas poderosas vistas aturden la vista del visitante. Entre placas y volcanes, la historia de Antigua, si se me permite la tontería, ha sido muy movida y son las fechas de los grandes terremotos acaecidos aquí las que la marcan. De hecho, los terremotos y las erupciones son bastante frecuentes y las gentes de Antigua guardan recuerdo de aquellos que más les impactaron.

Un parlanchín antigüeño que nos hizo de guía se vanagloriaba de haber salvado a su familia de uno de los grandes terremotos, el de febrero de 1976, cuando llegó un poco borracho a casa de noche y su mujer le estaba esperando despierta, lo que facilitó que pudiera salir a la calle huyendo del temblor a diferencia de sus vecinos, que fallecieron bajo sus casas derruidas.

09062011078 Pero esos mismos terremotos y erupciones han logrado que esta ciudad sea especial en Guatemala. Y no sólo porque estén controladas las alturas de construcción o la imagen y materiales de las fachadas. No. En Antigua Guatemala no se permite, por ejemplo, tocar el claxon (bocinar en español de allá). O, todavía más sorprendente, no se permiten ciertas licencias electorales que los iberoamericanos utilizamos mucho: cubrir las paredes de carteles infumables y, en particular por allí, las aceras con gentes ondeando banderas del partido afín.

El caso es que en 1773, la ciudad de Santiago de Guatemala contaba con más de 50 edificaciones civiles y eclesiásticas cuando sufrió importantes daños por los llamados “terremotos de Santa Marta”. Y muchos de esos edificios permanecen aún, deteriorados o restaurados, pero permanecen allá. Y algunos de ellos, están en uso.

09062011079Precisamente es lo que le sucede a los edificios de la Compañía de Jesús, que originalmente pertenecieron a una de las figuras más conocidas de la ciudad, Bernal Díaz del Castillo, autor de la Verdadera y Notable Relación del Descubrimiento y Conquista de la Nueva España y Guatemala, escrito en el siglo XVI mientras fue Regidor perpetuo y Alférez Real. Aún hoy se trata de uno de los edificios más impresionantes de la ciudad, ocupando  toda una manzana de extensión.

09062011085 Una vez expulsados los jesuitas por orden de Carlos III de todos los territorios hispánicos, estos edificios fueron pasando por diferentes etapas, casi todas ellas tendentes a la ruina tras los seísmos sufridos.

Recientemente fue sede del mercado municipal de La Antigua, pero en 1976 tuvo que ser reubicado tras el terremoto mencionado anteriormente. A día de hoy, La Antigua cuenta con un típico mercadillo artesanal dirigido expresamente a los turistas e interesados en tan bellas muestras de labor y otros más habituales de alimentación, ropa o enseres entre los que es fácil perderse.

10062011127 El complejo de la Compañía de Jesús, tan delicadamente restaurado por la Cooperación Española, está muy cerca de la Plaza Mayor, aquella que sirve de reunión a las gentes de la ciudad y que a cualquier hora está repleta.

La verdad es que es una imagen preciosa y no sólo por el parque central con su fuente con llamativas sirenas que se cubren los pechos (dicen por allí que por un supuesto castigo por negarse a dar de mamar a sus niños, si alguien le encuentra sentido que lo diga), sino porque está rodeada de sus edificios principales: la Catedral, el Ayuntamiento y el Palacio de los Capitanes Generales (desde donde se gobernaba la antigua Capitanía General de Guatemala entre Chiapas, el Yucatán y estos territorios), entre otros. Además, aquí se ubican algunos comercios principales de la ciudad.

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Decidimos entrar a echar una ojeada la Catedral (momento en el que se acerca nuestro ínclito guía, Óscar, que aparece en el vídeo anterior). Éste nos cuenta cosas de lo más curiosas pero es quizá la forma de contarla y la pasión que siente por su ciudad lo que le dan encanto a la ruta. Amén de verle dar el pésame a sucesivos dolientes en un entierro masivo que pasaba por allá, criticar a los jóvenes que se besaban abiertamente en la calle, declarar su devoción (con puntillo absurdo y surrealista) por el Hermano Pedro o sacarnos más quetzales por sus servicios de los realmente fijados.

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El caso es que recorremos la catedral. La catedral nueva es bonita, nada del otro mundo. Pero la que sobrecoge es la catedral arruinada tras los seísmos de 1774. La nueva catedral no es sino la tercera construcción en el mismo sitio, datando la actual del siglo XVII (por cierto que dos campanarios laterales fueron demolidos en el siglo XIX, vaya Vd. a saber porqué).

Una de las cosas que más llama la atención de entre las ruinas de la catedral es la oscura cripta de culto maya denominada “Capilla de los Reyes”, una de las primeras construcciones de devoción en la Guatemala de plena fiebre evangelizadora. Todo el entorno es impactante y aquí y allá aparecen cosas de interés: desde una lápida que indica que acá fue enterrado el conquistador Pedro de Alvarado hasta restos de los frescos que ocupaban las paredes o capiteles, basas y columnas desperdigados o recogidos a la espera de que alguien los identifique y ubique en el lugar correspondiente.

La vegetación también cubre parte de las ruinas, desde Orejas de Elefante a algunas plantadas allá casi como jardines. Las cosas de Guatemala: la entrada a esta parte de la catedral derruida vale lo mismo que una de las postales que te venden a la entrada.

10062011137Enfrente mismo de los restos de la antigua catedral se encuentra el actual Museo de Arte Colonial, sito en la Universidad de San Carlos, una de las primeras en América. Aunque ya había alguna experiencia anterior, no fue hasta el 31 de enero de 1676 cuando Carlos II el Hechizado dio la Real Cédula para constituirse como Universidad.

Las clases comenzaron formalmente en 1681 con setenta alumnos que recibían clases de teología, latín, medicina, arte, leyes y lengua maya (el kaqchikel mencionado anteriormente).

10062011141Los terremotos la dejaron parcialmente dañada pero siguió siendo colegio un tiempo (modificándose algunas partes del edificio aportando un estilo mudéjar muy llamativo al verlo al otro lado del océano) y después almacén de obras de arte de la ciudad, lo que terminaría convirtiéndole en el Museo de Arte Colonial actual.

De hecho, es un edificio tan popular que una de las vistas de su interior, la de las columnas de abajo a la izquierda es la parte de atrás del billete de 10 quetzales.

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El Museo de Arte Colonial de Antigua guarda pinturas y esculturas de 1590 hasta el siglo XIX, muchas de ellas anónimas y, muchas de ellas también, típicamente barrocas. Destacan algunas figuras en madera muy bellas (algunas, en el interior de vitrinas refrigeradas protectoras), pinturas de artistas mexicanos como Juan de Correa o Cristóbal de Villalpando pero sobre todo algunas obras de un artista guatemalteco.

Se trata de Thomas de Merlo, que nos llamó más si cabe la atención (casi todas de carácter religioso), sobre todo porque muchas de ellas han sido recuperadas tras robos pasados. Destaca la gigantesca obra dedicada al Tesoro del Calvario.DSC01134También apareció por allí una copia de un Tiziano del Prado dedicada a un joven Carlos V…

08062011063 Salimos de la Universidad para continuar recorriendo las coloridas calles de Antigua Guatemala. Las fachadas presentan alternadamente rojos, amarillos y azules, sobre todo los de aquellas casas restauradas en las que vive gente, que conviven con otras deshabitadas y deterioradas o aparentemente deshabitadas y deterioradas. Me explico. Coincidí en mi vista con el mismísimo Mel Gibson, propietario de alguna casa en Antigua y que parece que siente mucho interés por Guatemala: http://www.prensalibre.com/escenario/espectaculos/Mel-Gibson-estadia-Guatemala_0_499750342.html. Aún con todo, Antigua guarda algunos escenarios realmente curiosos y que hablan de la realidad actual del país. No puedo evitar comentar los lavaderos: el llamado Tanque La Unión.

11062011173 11062011172 Se trata de una pila pública utilizada especialmente por las mujeres mayas que se acercan desde poblados de alrededor que no cuentan con agua de fácil acceso. Fue inaugurado en 1853 y aún sigue en uso, tal y como pudimos comprobar en directo mientras algunas personas se lavaban entre sus arcos (también algunas parejas jóvenes se besaban libremente presas de la crítica de nuestro guía borrachín; seguramente venían del cercano colegio universitario que ocupa la sede de un antiguo colegio femenino).

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Este Tanque fue inaugurado por un Corregidor llamado José María Palomo y Montúfar que trató de restaurar numerosos monumentos en la ciudad, incluyendo este pilón con arcadas, el Palacio del Ayuntamiento y las dos obras más bellas de Antigua Guatemala.

En primer lugar el llamativo e icónico Arco de Santa Catalina. Se trata del arco que tuvieron que construir para permitir el paso de las monjas de clausura (pertenecía al segundo convento de monjas creado en la ciudad) entre un edificio y otro del Convento de Santa Catalina. Las monjas pretendieron cerrar la calle uniendo con una pared ambos inmuebles pero ante la negativa del Ayuntamiento se optó por esta solución, que embellece sobremanera las ya de por sí bellas calles de Antigua con su amarillo llameante.

El mismo amarillo de la otra gran obra restaurada por el Corregidor Palomo y Montúfar: la Iglesia de La Merced. Los mercedarios fueron los primeros en establecer un convento masculino en Antigua, si bien el edificio actual data de 1767 y, sin lugar a dudas, es la visita más recomendada de toda la ciudad.

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Esta iglesia ha sido restaurada por el gobierno guatemalteco y el resultado es espléndido, sobre todo por la correcta reconstrucción de la iglesia (dañada por los sucesivos terremotos) y por el encanto de su claustro abierto, con una fuente de piedra tallada en su centro y la mirada permanente y directa de los volcanes sobre ella. Copia de 09062011098

El coste de la entrada es de 5 quetzales que se pagan con alegría pues merece totalmente la pena. Además, se tiene la oportunidad de ver algunos restos arqueológicos (por ejemplo, numerosas vasijas de transporte de aceites y otros elementos) así como pinturas originales del Convento.

Y es que si hay algo frecuente en Antigua Guatemala son las iglesias. No tuve la oportunidad de visitar todas ellas, en algunas pasamos de largo (como la de Santa Clara, aquí abajo) y en otras tuvimos la oportunidad de entrar y no mereció la pena.

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Es el caso de la Iglesia del más famoso de los antigueños, el Hermano Pedro. Según cuentan por aquí, en Antigua han existido dos Pedros famosos, uno mal (Pedro de Alvarado) y otro bueno, el Hermano Pedro, dechado de virtudes y santón prolijo, al que realizan peticiones y peregrinaciones varias y aquel al que determinado político prometió restaurar su iglesia si le hacía presidente.

Lo logró. Y la restauró, claro. Y ahora miles de personas van a solicitarle ayuda y dejar patente su devoción con mensajes a veces surrealistas y con ofrendas típicas en función de lo que necesitas que te curen. Además, se ha construido un santuario alrededor de su tumba que no pega con el bonito interior de la iglesia restaurada.

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Conocer La Antigua Guatemala ha resultado ser tan satisfactorio como lo ha sido leer el excelente libro de Elizabeth Bell “Antigua Guatemala. La ciudad y su Patrimonio” con la que he podido documentar tantas cosas de esta entrada.

Copia de 08062011044 Es cierto que Guatemala no está pasando por el mejor de los momentos y que la violencia del narco en el norte y de las maras en las ciudades (en particular, en la capital y contra las empresas de autobús urbano) pueden poner en peligro el desarrollo de uno de los países centroamericanos más bellos que conozco, con gentes más cercanas y agradables y con hoteles tan impresionantes como el que me tocó disfrutar, el Hotel Soleil La antigua (http://www.gruposoleil.com/) cuyas vistas son lo mejor de la visita.

15 de junio de 2011

El Parque Nacional del Volcán de Pacaya

11062011267 Acabo de bajar del Volcán de Pacaya, en Guatemala. Este Volcán da nombre a uno de los Parque Nacionales más conocidos del país centroamericano y, además, más sencillos de visitar.

Está cerca de la capital y de Antigua Guatemala, por lo que atrae a muchos visitantes de todas las nacionalidades.

Sin embargo, me cuenta Karina (la guía comunitaria oficial que nos acompaña) que las visitas se han reducido mucho en los últimos tiempos y que ahora sólo hacen una salida al día cuando antes podía llegar a hacer dos o incluso tres.

11062011208 Ella lo achaca a la gran erupción que sufrió la zona en mayo de 2010. Yo más bien lo achaco a la crisis. Para ser guía comunitaria, nuestra Karina tuvo que acoquinar 200 Quetzales, pasar una capacitación de 100 horas, conseguir 4 cartas de recomendación y desplazarse a Ciudad de Guatemala para el papeleo. Poco más. Es muy agradable y sonriente pero su conocimiento del parque se queda en lo meramente anecdótico.

No conoce ni las especies más representativas del Parque Nacional (ni siquiera las tres o cuatro mencionadas en los carteles que aparecen en la ruta) y cuenta poco respecto del tipo de volcán que visitamos. No es una crítica a su esfuerzo ni a sus ganas por hacerlo bien (de hecho, toda su familia vive del volcán, pues los cuatro hermanos son guías) y sí lo es a los gestores de este Parque, que hacen muy poco por aportar algo más que una visita memorable por lo paisajístico.

11062011201 Y es que el Volcán de Pacaya ofrece unas vistas realmente espectaculares. La erupción que comentaba Karina, la del 27 de mayo de 2010, no sólo acabó con la vida de dos personas (entre ellas el periodista Aníbal Archila, al que repetidamente advirtieron del peligro y quien, siempre según Karina, dijo que el reportaje que allí hiciera atraería mucha gente a Guatemala; murió de un golpe procedente de una enorme piedra expulsada por el volcán) sino que cubrió de ceniza y de piedra pómez (poma, la llaman aquí) la práctica totalidad del parque.

La perspectiva debió ser desoladora, desaparecieron laderas completas de vegetación, murieron numerosos animales, quedaron arrasados todos los cultivos de las gentes de la zona y las poblaciones cercanas tuvieron que ser (momentáneamente) evacuadas. A Karina le dolió “que le salieran de allí” pues ella se quería quedar, quería ayudar o dirigirse al volcán al que sube todos los días para ver un espectáculo tan llamativo. “Incluso vimos dos tucanes muertos. Nunca vi uno vivo y así los pude ver. También algún gato de monte. Y muchos caballos, murieron caballos y se enterraron allí donde quedaron muertos” me cuenta la chica.

DSC01143El camino que recorremos está cubierto de restos de lava y de ceniza. Parece que días después de la erupción acometió la tormenta tropical Ágatha que, por una vez, trajo algo de bueno (y mucho malo, como siempre): contribuyó a apagar los incendios que aún arrasaban la flora del Parque Nacional.

De los 37 volcanes que hay en Guatemala sólo hay 3 activos: el Volcán de Fuego, el Santiaguillo y éste Volcán de Pacaya. Y esa es una de las razones por las que atrae a la gente. También por la facilidad en su acceso y recorrido. El sendero turístico más habitual lleva alrededor de una hora y media de camino (que no llega al cono, se queda un poco antes del tope) más otra hora y media de vuelta. El ascenso es de esfuerzo medio, si bien hay tramos especialmente difíciles (complementados con otros sencillos). En cualquier caso, merece la pena. Por cierto, antes de entrar hay que pagar la entrada: actualmente es de 50 quetzales.

11062011203 En el punto de comienzo de la ruta se agrupan a tu alrededor numerosos niños ofreciendo palos para facilitar tu subida. También chavales y hombres con caballos que ofrecen sus taxis naturales (sic) a todos los turistas que, como me cuenta Karina, dicen que vienen al Pacaya para disfrutar no para sufrir la subida (es lo que le dicen los españoles). Ellos se lo pierden, por lo menos la plata se la llevan los de los caballos, que están muy necesitados por las pérdidas habidas por el efecto combinado de la erupción y la crisis.

11062011210 La guía comunitaria está obligada a mantener a los de los caballos (que nos siguen todo el camino por si sus servicios son necesarios) a una distancia prudente que ni ellos ni los graciosos perros que les acompañan cumplen. No tenemos oportunidad de ver fauna en todo el camino salvo estos perros y caballos en muchos casos asilvestrados.

Dice Karina, hablando de la Barba Amarilla (Botrops asper), una de las serpientes más venenosas de América, que antes eran más frecuentes pero que después de la erupción ya no se suelen ver. No sólo la erupción debe influir: las condiciones de vida de los chavales que nos rodean no son buenas, aparentemente. Y el efecto del hombre sobre las tierras que ocupa es muy potente en esta zona.

11062011291Tanto que una de las primeras paradas nos da dos pistas fundamentales. Nos rodean numerosos cultivos de maíz, frijoles (negros) y café. Son todas plantaciones nuevas, pues las antiguas desaparecieron con la erupción de mayo de 2010.

El paisaje es un verde maizal que entronca directamente con el color también verde de una central geotérmica que aprovecha la energía natural procedente del volcán. Esta planta da electricidad a más de 200.000 personas, proporcionando energía incluso al cercano El Salvador. Me cuenta Karina que produce hasta 25 MW y que aprovecha también el vapor que genera la actividad del volcán a más de 2 kilómetros de profundidad.

11062011205 El comienzo del recorrido es un poco complicado, la pendiente es importante y está cementada, lo cual no favorece tener un paso firme cuando hay mucha humedad en el ambiente. Tanta vegetación cerca digamos que es un indicador directo del grado de humedad alcanzado. En el camino van a apareciendo diversas especies de árboles y arbustos. La ascensión se inicia a 1900 metros y en ese momento la superficie de suelo está casi completamente cubierta de vegetación. A un lado y a otro del camino aparecen grandes agujeros en la tierra: protección para las riadas que pueden provocar las lluvias torrenciales en esta zona.

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Muy de vez en cuando sorprende encontrar un pequeño cartel alusivo a alguna especie pero son los menos (de hecho, en la propia salida se identifica un Aguacate; más tarde aparecen desde Agaves de los que sacar el tequila hasta manzanos, pero nada bien organizado).

Sin embargo sí son frecuentes los grandes carteles informativos a lo largo de un recorrido que no se hace demasiado largo (algunos de estos carteles hacen mención, incluso, a las medidas de seguridad a tomar en caso de necesidad; al fin y al cabo, el volcán de Pacaya está activo aún).

11062011211Uno de esos paneles anuncia la aparición del Cerro de la Hoja de Queso. Se trata de una zona de recarga hídrica, una pequeña colina desde la que se distribuye agua de forma natural a la cercana Laguna de Calderas. Sin embargo, antes que eso llama la atención el nombre, Hoja de Queso, que se corresponde con un arbusto muy abundante durante todo el recorrido, desde los 2000 metros para arriba. La Hoja de Queso (Roldana jurgensenii) tiene muchas aplicaciones directas y es bien apreciada por los lugareños dado que su suave tacto y características la llevan a ser utilizada tanto como envoltorio de quesos de la zona (de ahí su nombre; los mantiene frescos) e incluso como sustituto de servilletas o papel higiénico.

11062011214Hay mucha hoja de queso en los lados del camino, que se mezcla con otras especies como la más que probable especie del género Fucsia con sus características flores rojizas o púrpuras, también muy abundante, así como ricos y diversos estratos herbáceo y arbustivo; aunque posiblemente la erupción de 2010 haya contribuido a cierta homogeneización de sus comunidades tras la desaparición de muchos individuos por las duras condiciones de la misma. El suelo está más tapizado del negro de la ceniza y la piedra pómez que del verde de los musgos y hierbas, dando lugar a la proliferación de especies adaptadas a estas duras condiciones y a la selección de otras con menos posibilidades. Otro arbustillo frecuente (foto de arriba) es una Mimosa, Mimmosa albidia.

11062011290Muy cerca se sitúa un mirador hacia la Laguna de Calderas. Ésta ocupa un antiguo cráter (de los varios que aparecen en la zona) y su extensión es bastante amplia, alrededor de 32 hectáreas. Aunque los carteles informativos se empeñan en indicar que su profundidad máxima está en torno a 30 metros, Karina nos dice que su profundidad real no se conoce con exactitud y puede llegar a tener hasta 100 metros. No sé a quien creer.

En cualquiera de los casos, las oscuras aguas de la Laguna de Calderas, en las que se bañan las gentes de la zona, son frías y potables, pues surten de agua a 21 comunidades cercanas al Volcán de Pacaya. 11062011223Entre la fauna que puebla la Laguna sólo hay identificadas 5 especies de peces y dos de ellas son introducidas: se trata de la Pepesca (Astyanax sp.), el Pescadito (Poecilispes sp), el Pupo (Molinesia sp) y el Escamudo (Profundulos sp). Las introducidas son las tradicionales carpas y percas americanas (Micropterus salmoides). No sin cierta inocencia Karina añade que “también hay peces, caracoles y cangrejos”.

Continuamos caminando por un espléndido bosque húmedo subtropical templado. Nos rodea una importante población arbórea de crecimiento reciente (debido a la elevada tasa de mortalidad asociada a las erupciones y paliada por la riqueza del suelo volcánico en la que se asienta).

11062011228Entre los árboles, hay tres que destacan de forma especial entre los demás. El primero es el Árbol del Hormigo (Platymiscium dimorphandrum), un espléndido árbol que puede llegar a tener hasta 35 metros de altura y del que se destaca con especial ánimo que es la fuente de madera para la fabricación de la tradicional Marimba guatemalteca, un instrumento musical típico del país.

Este árbol caducifolio, extendido por Centroamérica y parte de Sudamérica está en peligro de desaparición. Su nombre, por cierto, viene de la especial relación que guarda con las hormigas que viven y se alimentan en él, probablemente a partir del micelio que cultivan entre sus ramas.

Otra especie arbórea que aparece en este bosque húmedo es el Cedro del Pacaya (Cedrela pacayana), de nuevo en la cuerda floja de la conservación, dada su extensiva explotación por parte de los pobladores de la zona. Mucho más frecuentes, los robles o encinos (Quercus sp.) resisten estoicamente las sacudidas y erupciones del Pacaya, contando con algunos ejemplares especialmente longevos. 11062011237

Uno en especial, que dicen de más de 300 años preside la zona denominada “Descanso del Roble” donde un par de mujeres nos ofrecen comer unas riquísimas naranjas de piel verde, peladas con una práctica llamativa, tanto como los condimentos con los que las ofrecen: sal o pepitas (con sabor a canela).

Aquí y allá (nos cuentan que mucho más en la vertiente sur) aparecen varias especies de coníferas, en particular el Pino Colorado (Pinus oocarpa), el Pino Triste (Pinus pseudostrobus) o el ciprés Cupressus lusitanica. A ellos se le añaden otros grandes árboles de esta Selva de Montaña por la que estamos caminando como el Canak (Chiranthrodendron sp) o la Anona (Annona sp) o el Aliso de la zona (Alnus jurulensis).

11062011282 No todas las especies han sobrevivido a la última erupción. Según Karina, ni orquídeas ni bromeliáceas han vuelto a dejarse ver. Con un poco de suerte, volverán, pues los suelos son fértiles, permeables y ricos en potasio y el ambiente húmedo y cálido. No lo tengo tan claro con las especies animales. De las 28 especies de mamíferos, es más que probable que los más grandes hayan desaparecido: coyotes (Canis latrans), gatos de monte (Urocyon cinereoargentus), puerpoespines (Coendu mexicanus) y armadillos (Dasypus novenoncintus) ni están ni se les espera. Al menos roedores y murciélagos tienen una oportunidad, igual que ranas y salamandras (los anfibios más habituales de las 127 especies de la herpetofauna guatemalteca presentes en Pacaya) o las más de 150 especies de aves presentes en el Parque.

 11062011239 El Volcán Pacaya no es el único de la zona. El Volcán de Fuego, el Volcán de Agua y el Volcán Acatenango acompañan al Pacaya en la vecindad de los volcanes, un espectáculo poderoso bajo el que sobreviven numerosas poblaciones.

Según wikipedia: “El volcán de Pacaya es parte del Arco Volcánico Centroamericano, una cadena de volcanes situada a lo largo de la costa del Pacífico de Centroamérica, que se formó por la subducción de la Placa de Cocos debajo de la Placa del Caribe. Yace en la orilla de una considerable caldera formada en el era del Pleistoceno que contiene el lago de Amatitlán. La caldera se formó como resultado de al menos noventa grandes explosiones a lo largo de 300.000 años, generando un total de 70 km³ de magma.”

11062011243 Según vamos ascendiendo la cubierta vegetal va dando paso al desierto. Los claros comienzan a hacerse mayores que los retazos de bosque, pero mucho más influidos quizá por el desastre de mayo de 2010 que por la natural sucesión de comunidades sociovegetales dependientes de la altitud o el suelo. Esto es especialmente doloroso en el llamado “Descanso de las epífitas”, en el que si algo falta son precisamente, las plantas aéreas que crecen sobre otros árboles.

11062011245Y entonces desaparece la vegetación y sólo queda ante ti la enormidad del Volcán de Pacaya. La lava desmenuzada y los restos de ceniza y piedra pómez cubren toda la vista, que es especialmente hermosa. Un pequeño valle con una rala vegetación antecede a la gloriosa visión del Volcán, aún activo.

El Pacaya es un volcán de tipo estromboliano, que combina erupciones explosivas con periodos de calma de duración variable. La presión generada por los vapores del propio magma provocan explosiones piroclásticas de gran potencia, que pueden incluir bombas además de las tradicionales cenizas y lapilli (piedra pómez).

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La visión del Volcán de Pacaya es singular. Hay un puesto a 2350 metros (el cono, partido en dos en la última erupción, está a 2552 metros) que vende baratijas 11062011256de gran calidad realizadas con material del volcán. Se trata de pendientes, collares, pulseras, etc. realizadas con plata y lava y vendidas por un tipo muy agradable y atento. A 10$ la pareja de pendientes.

11062011258Poco más allá, Karina nos muestra una serie de aperturas y agujeros por los que se nota el calor del gas que se expulsa de forma continua por parte del Pacaya. Pasamos por debajo de ellos como han hecho cientos de turistas antes que nosotros y muchas otras gentes antes aún. Se siente calor en su interior, un calor seco y sofocante que empareja bien con el negro iridiscente de muchos de los gránulos de lapilli que se esparcen por el suelo.

11062011263 Nos despedimos del volcán con unos Marshmallows. Y es que es muy típico comprar unas tradicionales esponjitas de colores (los marshmallows) y calentarlos hasta que se derriten en el palo donde los has clavado. 11062011253

¿Y con qué se derriten?

Pues con el mismo calor que utiliza la central geotérmica de más abajo, en el mismo sustrato que enriquece la vida que crece en el Parque Nacional, en las suaves condiciones que inesperadamente pueden provocar el mayor de los desastres y con las manos de una chiquilla encantadora y valiente, Karina, que nos guía con su sonrisa de oro por un paisaje que más que marciano es totalmente terráqueo.

El paisaje volcánico del Pacaya.