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16 de julio de 2010

El Duomo de Milán

P1200101 Un fascinante conjunto de pináculos y estatuas, recargado pero estéticamente asombroso. Un paisaje ciertamente espectacular y no por esperado menos sorprendente. Es decir, la mera visión de la mole de mármol del Duomo de Milán, vista desde la Piazza del Duomo ya anuncia a las claras que no nos encontramos ante una catedral normal.

P1200105Pero no adelantemos acontecimientos. En primer lugar hay que ponerse delante de la fachada del Duomo y admitir que es absolutamente majestuosa. Nos situamos en la Plaza del Duomo, con las Galerías de Vittorio Emanuelle a la izquierda y la enorme explanada toda para nosotros. P1200145 Unos pintores profesionales se ofrecen a retratarnos mientras los hinchas el Inter de Milán comienzan a concentrarse en la plaza, para la celebración de la noche (sí, parece mentira pero no están celebrando el Mundial de España sino la Copa de Europa del Inter, es lo que tiene la flexibilidad del tiempo, pasó en mayo aunque ahora estemos en el julio en el que la selección española ganó su primer mundial frente a Holanda).

Volvamos a la fachada; es imponente. No cabe en la foto si no es realizada desde lejos. La verdad es que se ve bien, aunque para ello tuvieran que tirar medio barrio. Aquí está la habitual reivindicación de aquellos que sufrieron la pérdida de sus casas pero entiendo que mereció la pena, Milán ganó con el cambio y el Duomo, más que nunca, se convirtió en el símbolo de la ciudad.

P1200189 Duomo, por cierto, significa “Casa de Dios” nada referente a la cúpula de la iglesia. Viene del latín, de Domus Dei y no es más que la palabra italiana de nuestra Catedral. Pero queda tan bien que a pocos he oído hablar de la Catedral de Milán. Total, que tenemos delante a la Catedral de Milán en todo su esplendor, que es mucho.

Comenzó a construirse en 1386 y se finalizó hace cuatro días, en 1965. Siete siglos de trabajo que han dado lugar a una catedral de estilo gótico de 158 metros de largo y 93 de ancho (es la tercera iglesia en dimensiones tras el Vaticano y San Pablo de Londres). A la hora de construirla se echaron abajo palacios e iglesias que a su vez habían ocupado templos paganos primero y cristianos después de la antigua Mediolanum.

P1200119Tiempo tuvieron diferentes arquitectos hasta el siglo XVI para elevar el enorme volumen de la catedral. El gótico de los siglos XIV y XV se complementó con el poder de la ingeniería del XVI para alcanzar los 45 metros de altura, una proeza para la época. Cuenta la wikipedia una anécdota curiosa referida Gian Galeazzo Visconti, el duque milanés que puso en marcha la obra en 1386: “El entusiasmo por el nuevo e inmenso edificio pronto se extendió entre la población, y el astuto Gian Galeazzo, junto con su primo, el arzobispo, supieron recabar grandes donaciones para el progreso del trabajo. El programa de construcción fue regulado estrictamente por la Fabbrica del Duomo conformado por 300 empleados liderados por el arquitecto jefe Simone da Orsenigo. Galeazzo otorgó a la Fabbrica el uso exclusivo del mármol de la cantera de Candoglia y la eximió de impuestos.

Las labores continuaron mucho tiempo. Hubo quienes, como el obispo Carlos Borromeo (futuro San) quisieron convertir la catedral en un monumento más renacentista que gótico (que olía a extranjero) mientras que otros, más tarde, la hicieron volver al gótico previo e incluso al neogótico del XVII. Hasta que no llegó Napoleón no se pudo dar por terminada la fachada. El Emperador francés impuso la terminación de las obras tirando, en teoría, del tesoro francés.

P1200136 Con la fachada terminada, se procedió a avanzar en el esculpido de los cientos de pináculos, estatuas, gárgolas y decoraciones del cielo de la catedral.

Y aunque aún queda por terminar algún bloque virgen, el techo está más que terminado. Para acceder a él se tiene que comprar la correspondiente entrada en un edificio cercano y ascender a través de uno de los ascensores que están dispuestos para ello. Arriba hay mucha gente, para qué vamos a engañarnos.

P1200151El ascensor es pequeño y se sube poco a poco y, al salir, uno no puede más que sorprenderse por encontrar en el tejado del Duomo P1200132plazoletas, explanadas, caminos tortuosos y amplios recorridos, hay escaleras y puentes, estatuas por todos los lados, gárgolas fantásticas y delicadas vírgenes y ángeles, espectaculares juegos de piedra y pináculos, muchos pináculos que ascienden hacia el cielo. En casi todos hay una figura que los corona (por ahí debe haber incluso una de Napoleón).

P1200160 El punto más alto de la catedral es, precisamente, una de estas figuras, la llamada Madonnina, realizada en cobre dorado en colocada allí en 1774. 108,5 metros es la altura que alcanza la figurilla (el pináculo que la sostiene, 4 metros), que se considera la virgen protectora de Milán.

P1200167 Para llegar a ella, el recorrido es bastante largo, pero siempre llamativo. Subiendo y bajando pero siempre con la mirada puesta en la maestría de la selva de piedra que es en realidad el techo del Duomo.

Desde aquí, por supuesto, se tienen vistas ejemplares, no sólo de la Piazza (con sus terrazas a punto para tomar algo), las galerías y los neroazzurros del Inter. P1200123 También de otros edificios singulares de la ciudad, como el Palazzo Reale (sede del poder austríaco y napoleónico en su momento), la torre octogonal de San Gottardo in Corte (una iglesita cuyo campanile de ladrillos rojos y mármol blanco no ha cambiado desde su construcción en 1336) y, a lo lejos, el rascacielos armado de 106 metros de altura y 27 pisos llamado la Torre Velasca, que trató de evocar en pleno siglo XX una torre medieval (en la imaginación de cada uno queda el creérselo o no).

P1200106 Volviendo al interior del Duomo, es preciso reconocer la belleza de los ventanales del siglo XV, verdaderamente portentosos (las ventanas del coro tienen fama de ser las mayores del mundo). De esta forma, la catedral milanesa ofrece un espectáculo de luz natural en su inolvidable tejado y de luz natural tamizada por los coloridos cristales de sus ventanales en el grandioso interior.

P1200114 Hay numerosos sepulcros, sarcófagos y altares en la catedral. La estatua más famosa es la de San Bartolomé, de Marco d’Agrate, una figura poderosa a pesar de su esbelta y fibrosa constitución (bueno, vale, y por que el hombre está despellejado y tiene su piel entre las manos).

P1200118 Y muy cerca de ella se sitúa la entrada a la cripta de San Carlos Borromeo, que yace en medio de un auténtico relicario de dorados reflejos y brillantes decorados.

Uno se siente pequeñito en el interior del Duomo de Milán. Y ni siquiera hace falta que estén acompañándote las 40.000 almas que pueden apretujarse en su ambicioso interior.

Toda la información, en http://www.duomomilano.it/, la web de la Veneranda Fabricca del Duomo di Milano.

10 de julio de 2010

Recorriendo el Castillo Sforzesco y el Parco Sempione

P1200434El antiguo Castillo de los Visconti y de los Sforza de Milán se ha transformado en una especie de parque temático de los Museos, acogiendo en su interior una pinacoteca, un museo egipcio, un museo de muebles, un museo de arte decorativo, un museo de instrumentos musicales, un museo de arte antiguo… a lo que hay que añadir el propio espacio que ocupa el Castillo, con cosas interesantes que ver.

Por supuesto, sólo nos dio tiempo a dar una pequeña vuelta por el Castillo Sforzesco de Milán y recorrer rápidamente algunos de los museos mencionados, pero mereció la pena. Lo mismo que pasear por el Parque Sempione, construido en las antiguas tierras del Castillo y del que disfrutan ahora muchos milaneses (y nosotros mismos, con tiempo incluso como para ver su Aquario).

P1200320 El Castillo está en pleno centro, no hay que desplazarse mucho, la verdad. Del Duomo está a cinco o diez minutos andando. Pasamos por un mercadillo de monedas y objetos antiguos que se pone los domingos en la Piazza Mercati, sorteamos autobuses y coches, compramos el Corriere della Sera en un kiosco y nos plantamos delante de la Torre del Filarete (delante suele estar a la vista un monumento a caballo de Garibaldi, pero está en restauración) o Torre del Reloj, construida en 1450 y reconstruida muchas veces (por ejemplo, en el siglo XX tras ser destruida por un rayo).

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Esta preciosa Torre es el acceso principal al Castillo Sforza. al menos el de los visitantes como nosotros.

Torre del Filarete, Torre del Reloj, Torre de Humberto I... la torre recibe diferentes nombres, pero el más interesante es el de Filarete, el arquitecto florentino al que se le encargó la renovación del Castillo a mediados del siglo XV. Fue Franceso Sforza quien le eligió, entre otros expertos de la época para acometer una obra que poco tiempo antes había proclamado que nunca llevaría a cabo.

Y es que la ciudad de Milán ha vivido en guerra (o sufriendo las consecuencias de las mismas) prácticamente toda su historia. La ciudad ha sido territorio español. Y francés (dos o tres veces). Y austriaco. Y hasta ser parte del reino de Cerdeña.

Pero también tuvo sus épocas como ciudad estado, épocas basadas en el liderazgo de dictadores como la saga de los Visconti, primeros responsables de la construcción del Castillo. Cuando los Visconti fueron expulsados por uno de sus yernos, Francesco Sforza, éste prometió no recuperar el simbólico edificio de los Visconti. P1200326Pero la necesidad de contar con edificios importantes en Milán, la carencia de estructuras defensivas.... razones que utilizó para poner en marcha un proyecto que incluía a genios milaneses y a Antonio Averulino, el florentino llamado Filarete, forastero a quien encargaron la parte más visible del nuevo castillo, la Torre, y a quien trataron de desacreditar continuamente.

A partir de aquí el Castillo sufre ampliaciones y ruinas, ocupaciones extranjeras y patrias, se elevan nuevas torres que desaparecen después, se reconvierte en fortín o en Palacio Ducal según las necesidades.

P1200358Es aquí donde aparece el famoso nombre de Ludovico el Moro, otro de los Duques milaneses que pasaría a la posteridad como uno de los promotores de Leonardo Da Vinci, quien dejó su huella en algunas partes del Castillo (sin embargo, el modelo para una estatua ecuestre de Francesco Sforza que le encargó su hermano Ludovico fue destruido por los franceses).

Una de las huellas de Da Vinci en el Castillo Sforza es el fresco que decora la Sala delle Asse. En esta gran Sala del Castillo (hoy parte del Museo de Arte Antiguo) Da Vinci imaginó una falsa pérgola y la pintó, allá por 1498, en la bóveda de forma que los visitantes de Ludovico el Moro quedaran asombrados por la Sala de recepción que éste utilizaba.

P1200329El escudo de los Sforza está en medio de una algarabía de ramas floridas y entrelazadas que dejan poco espacio a la luz del cielo, más de diez árboles cubren con su falso y tupido enrramado el techo de la sala, que fue redescubierta en 1893 por Paul Müller-Walde. Ha sido restaurado numerosas veces. Aún así, los textos dorados que aparecen en las cuatro pechinas de color azul celeste de las esquinas son ilegibles.

Escenario de enfrentamientos constantes, el Castillo siempre estuvo en primera línea de fuego española, italiana, francesa y austríaca. Demoledoras consecuencias que fueron poco a poco recuperadas a lo largo del siglo XX (la segunda guerra mundial acabó con lo poco que quedaba). En la actualidad, la Torre, la Plaza de Armas que la sigue (con el foso aún existente, paso levadizo incluido) y otras partes del Castillo son visitables pero llaman poco la atención.

Quizá sea por eso por lo que se decidió que albergara tantos museos de interés. Nuestra visita se limitó al Museo de Arte Antiguo, a la Pinacoteca y, cómo no, al Museo Egipcio.

Museo de Arte Antiguo

P1200346Son tan importantes las piezas del Museo como las salas donde éstas están ubicadas. En muchas de ellas sobresalen más los frescos del techo o los mosaicos del suelo que las piezas que se exponen. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de ellas proceden de las iglesias, edificios históricos y palacios que se arruinaron con el paso del tiempo o los que se decidió demoler para construir otros nuevos. Por eso este museo es un recorrido por la historia de Milán y la Lombardía, muy relacionada a su vez con la historia del continente.

Y si no, sólo hay que fijarse en los impresionantes escudos de los Austrias y de los Tudor que decoran un par de salas del Museo. Se celebraban los esponsales de Felipe II y de María Tudor en aquel, su primer matrimonio que terminó en fracaso rotundo. Pero esto no se sabía en 1555, cuando se decidió decorar las salas del Castillo Sforza, en manos españolas durante 170 años, homenajeando a los recién casados.

P1200334Y ahí que están los escudos, símbolo de una época que, por lo menos a nosotros, nos sorprende hoy en día. Es difícil hacerse a la idea de que Milán fue parte de las Españas y más cuando te lo encuentras de frente (bueno, te lo encuentras mirando hacía arriba) en el bastión defensivo más importante de la ciudad.

La primera sala del Museo recoge las piezas más antiguas, destacando entre ellas una cabeza de la mismísima Teodora, la Emperatriz bizantina esposa de Justiniano I, aquel que trató de devolver la gloria al desaparecido Imperio Romano desde Constantinopla.

Lápidas, inscripciones, frescos y mosaicos dan paso a una escultura absolutamente excepcional, impresionante: el monumento sepulcral de Bernabé Visconti, uno de los tiranos antes mencionados que falleció en 1385. Esta asombrosa obra fue realizada por el escultor milanés Bonino da Campione y de nuevo está rodeada de obras de arte medievales de las iglesias de la zona.

P1200340Bernabé Visconti pasó toda su vida en conflicto, aliándose con unos y otros, casando a sus hijas con potenciales intereses hasta que acabó encarcelado por su primo y envenenado en diciembre de 1385. El impresionante monumento ecuestre funerario lo encargó el mismo e iba a estar ubicado en la catedral veneciana.

P1200342En la siguiente sala, una Almendra con el Redentor bendiciendo, de finales del siglo XIV, es un ejemplo de la estatuaria de la cercana región toscana, de la que hay también ejemplos por todo el museo.

P1200351El Emperador austríaco Federico Barbarroja, que destruyó la ciudad de Milán en 1167, se convirtió en la bestia negra  de los milaneses y en su miedo más permanente. P1200352Es por ello que la mujer retratada enseñando obscenamente su vagina se identifica con la mujer de éste. Y de la misma manera que numerosos frisos de la época narran las vicisitudes de los milaneses en su defensa de la ciudad del conquistador.

Pasamos por salas de frescos asombrosos, con piezas delicadas como la dolorosa mirada de un gran crucifijo de madera del siglo XIV o la Virgen del Coazzone de Solari del siglo XV, en mármol y ataviada al más puro estilo renancentista. Pero la estrella de la colección es la última obra, inacabada, de Miguel Ángel Buonarotti. Se trata de la Piedad de Rondanini (debido al Palacio de Roma donde se halló muchos años después de perderse su pista).

P1200365Con casi noventa años, Buonarotti dedicó sus últimos esfuerzos a esta obra, hasta el 11 de junio de 1564 en el que “tras trabajar todo el sábado antes de caer enfermo el lunes”. Aunque Miguel Ángel la legó en su testamento a su criado Antonio di Giovanni María del Francese, la escultura ha pasado por muy diferentes manos hasta que el Ayuntamiento de Milán la compró gracias a una colecta masiva para incorporarla a la colección del Castillo Sforza.

El montaje definitivo de la obra es sobresaliente, está aupada en una lápida bajorromana y acogida tras un panel de madera noble que la hace sobresalir de entre las demás piezas.El cuerpo de Jesús está apoyado directamente sobre el de la Virgen y esto, según los expertos, es harto complicado. Abandonamos el Museo de Arte Antiguo con ganas de más, pero no hay tiempo…

Rodeamos el palacio hasta encontrar, en un sótano al que se accede desde un Patio de Armas, el Museo Egipcio y el de Prehistoria.

P1200381Luigi Vassalli, director del Museo de El Cairo en 1881 fue el artífice de la creación de uno de los museos egipcios más tempranos de Europa, el de Milán (entiendo que nada que ver con el de Turín, lo veremos a su tiempo). Sus colecciones, unidas a lo hallado en diferentes excavaciones en El Fayum en las décadas de los 30 y los 40 del siglo XX, son el fondo principal del Museo.

P1200380 Además de las momias, sarcófagos, sudarios y esculturas, nos quedamos con dos o tres piezas muy llamativas. En primer lugar, con dos figurillas de pequeño tamaño pero impactantes, una por quien es, otra por su belleza.

A la izquierda tenemos al mismísimo Imhotep, el arquitecto de la Pirámide de Saqqara, el posterior endiosado Esculapio en una representación de época tardía. A la derecha, una Isis lactante con su Harpócrates al más puro estilo Virgen-con-niño de la XXV dinastía.

P1200377 Encontramos también alguna escultura de gran tamaño, como este Faraón Amenemhat III, de la XII dinastía, procedente precisamente de las excavaciones de El Fayum de los años 30-40 (fue hallado en los restos del Templo de Isis-Thermutis en Medinet Madi por Achille Vogliano antes de que comenzara la Segunda guerra Mundial). El Dios de las dos Tierras, rey del Alto y el Bajo Egipto, el rey Nimaatra y amado de Renenutet, la Isis de Medinet Madi nos mira fijamente desde su trono de piedra caliza.

Lástima no haber podido hacer más caso a las piezas del Museo de Prehistoria (al de Instrumentos Musicales, o al de Artes Decorativas, en fin). Saliendo por las mismas escaleras que llevan al Egipcio se accede al mismo patio de Armas en el que, a través de unas preciosas escaleras nos encontramos con la Pinacoteca del Castillo Sforza.

P1200392 En ella tenemos oportunidad de conocer a algunos de los protagonistas de las historias que hemos conocido, así como ver preciosas obras de famosos artistas italianos. Antonello de Messina, por ejemplo, siempre me ha impactado. No se puede decir que esta tabla de San Benito de 1470 sea su mejor obra pero es llamativa. Formaba parte de un gran retablo prácticamente desaparecido.

P1200394 Tintoretto, Tiziano o Mantegna están aquí presentes. La obra más conocida de la Pinacoteca es este Retrato de joven de Lorenzo Lotto, de 1624, que a muchos les parece enigmático. Con Lotto se entra en el apartado dedicado a los autores de fuera de Milán, en particular a los venecianos, y hay uno que nos deja impactados por el realismo (aunque luego puede ser justo lo contrario) con el que refleja la belleza de Venecia.

Se trata del inventivo Canaletto, quien deja en la Pinacoteca del Castillo Sforza dos obras preciosistas de 1742 de la Piazza San Marcos de Venecia. Se trata de “El muelle hacia la playa de los Schiavoni con la columna de San Marcos” (a la izquierda) y “El muelle hacia la Ceca con la Comuna de San Teodoro” (a la derecha).

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Salimos, por fin hacia el Parque Sempione. La vista es realmente agradable. Se trata de un área verde enorme,de 47 hectáreas que fue construido en el antiguo Parque de Armas del Castillo. Se creó en 1888 con un diseño romántico a la inglesa que revela una influencia napoleónica evidente.

P1200400La aversión popular a una propuesta de construcción masiva (que incluía echar abajo parte del Castillo Sforzesco) y la necesidad de tener un espacio público para las carreras de caballos y otras celebraciones de la época llevaron a crear este Parque que fue finalmente inaugurado en 1906 siendo bautizado con el nombre del cercano Túnel del Sempione recién abierto.

Aparte de la amplitud de zonas verdes, estanques y zonas de esparcimiento, en el Parque Sempione hay algunas construcciones llamativas. Por ejemplo, al fondo de la foto, el Arco de la Paz Europea, terminado de erigir por orden de Francisco I de Austria en 1838 a pesar de su origen napoleónico: tras su triunfo sobre Milán, Napoleón encargó al arquitecto Luigi Cagnola la construcción de un arco de triunfo al más puro estilo romano. Tras Waterloo y la decisión del emperador austriaco, es un (presunto) símbolo de paz.

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Además del Arco (que, por cierto, está orientado hacia París), el Parque Sempione cuenta con otros edificios emblemáticos de Milán, desde Palacios a escenarios de celebración. La llamada Arena Cívica es un anfiteatro de estilo romano donde tienen lugar competiciones deportivas, por ejemplo.

Pero nosotros nos quedamos con el Acquario Cívico de Milán (http://www.acquariocivicomilano.eu/), ubicado en un edificio realizado para la Exposición Universal de 1906 y con evidentes influencias modernistas. En el interior, un centenar de especies de fauna marina del Mediterráneo y de las aguas fluviales italianas nos esperan.

Gracias a la iniciativa Diversidad Biológica 2010 en Milán, el acceso al acuario no nos costó nada y pudimos disfrutar de un entorno bien expuesto, agradable, interesante y con un argumento de visita: la ruta del agua.

De ahí que los visitantes puedan recorrer el trayecto río abajo hacia el mar desde las montañas o en sentido contrario. P1200411Y fruto de ello pudimos disfrutar de acuarios asombrosos como el referido a un puerto de mar, al de los torrentes montanos o a la reconstrucción de la fauna de agua dulce del famoso Lago di Como.

Entre las estrellas del acuario, a mi gusto, enormes ejemplares de Accipiter nassus, de Esturiones. Pero también nos asombraron las morenas, los cabrachos y pulpos de zonas rocosas de playa, los grandes lucios como muestra de lo perjudicial de la introducción de especies exóticas en los ríos o la curiosa escena de una técnico del acuario metida en una de las zonas expositivas tratando de coger muestras.

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El sol de media tarde ya dejaba sentir el calor del final de la primavera cuando dejamos el Parque Sempione de Milán. La verdad es que resultó una mañana muy completa.

5 de julio de 2010

11 cosas que hacer en Milán

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1. Subir al Duomo

El símbolo de Milán es su grandiosa catedral gótica, con sus innumerables pináculos (bueno, son 135 pero a ver quien se pone a contarlos). Lo tradicional es admirar su portada desde la Piazza del Duomo, una amplísima explanada que, según dicen, se creó en el siglo XIX gracias al derribo de todo un barrio.

P1200165Aunque me duela decirlo, me alegro. No hay más que ver catedrales como la de Tudela (es la primera que me viene a la mente) o Puertas como las Torres de Quart en Valencia que son imposibles de ver por los edificios (algunos horrorosos) construidos a pocos metros de sus portadas. Así que, sinceramente, me alegra poder ver la impresionante fachada neogótica de la catedral, catedral que ha tardado más de cinco siglos en terminarse, desde 1387 hasta finales del siglo XX.

La vista es de postal, por supuesto, pero merece la pena. El domingo por la mañana se instala en la explanada un mercado de pintores ofreciendo sus obras, al más puro estilo de la Plaza Mayor de Madrid. La estatua de Vittorio Emmanuelle II, primer rey de Italia observa la pinchuda mole de la catedral, cuyo interior es así mismo bellísimo.

Y sin embargo, lo que más nos gustó de la catedral es poder ver cara a cara a la Madonnina, la llamada Virgen protectora de Milán, de 1774, que ocupa el pináculo más alto de la catedral, a 108 metros de altura.

P1200154 Y es que cogiendo un ascensor y acoquinando 6 euros puedes pasearte alborozado por un auténtico bosque de estatuas, agujas, pináculos, placitas, asombrosas decoraciones en piedra y vistas maravillosas. Subir a lo alto del Duomo es, en mi opinión, más interesante que subir a Nôtre Dame de París pues en el caso de Milán las gárgolas se esconden en un fantástico paisaje pétreo que hace las delicias de los visitantes a la catedral.

2. Recorrer las Galerías de Vittorio Emanuele II

Las esperaba más grandes, pero no por ello deslucen. En realidad es un centro comercial, sólo que luminoso y encantador. Se trata de unas galerías de hierro y vidrio realizadas en el siglo XIX sobre una planta en cruz latina (nada más). La luz se filtra por los vidrios provocando un ambiente acogedor que aprovechan los cafés, tiendas y restaurantes que abarrotan los edificios que prosperan en su interior.

P1200170 Una enorme cristalera, a 47 metros de altura, ilumina la plaza central, en forma de octógono, y cuyas losas no son sino un conjunto de mosaicos que representan el arte, la agricultura, la ciencia, la industria y cuatro continentes, además de los signos del zodiaco.

3. Ver los Tranvías de Milán

P1200181 Sin lugar a dudas, uno de los mayores placeres que proporciona pasear por Milán es ver en marcha aún unidades tranviarias que en otras ciudades de Europa dejaron de prestar servicio hace muchos años.

La ATM de Milán (www.atm-mi.it) ha realizado un trabajo espectacular al mantener los tranvías antiguos realizando el transporte de pasajeros en las mismas condiciones que sus hermanos más innovadores y actuales.

P1200098 P1200316 Milán facilita ver cruzarse en la calle tranvías de los años treinta con modernas unidades del siglo XXI. Los llamados Ventottos recorren las vías de la ciudad (en las fotos, tranvías de los 30, 60, 90 y 2000 por las calles milanesas) llamando la atención a los turistas y, aunque seguramente los usuarios tengan queja de ello, dando una imagen colorista, costumbrista y con encanto de la ciudad de Milán.

4. Pasear por el Teatro alla Scala, la Piazza Mercati, el Museo Bagatti Valsecchi…

P1200179 Milán es una ciudad de calles amplias, edificios del XIX bien conservados, tranvías modernos y antiguos compartiendo espacios urbanos en los que pasear se convierte en un placer (sobre todo cuando hay alguien tocando música en las cercanías). El llamado Centro Storico y el Barrio de la Scala no escapan a este ambiente.

Ambas cosas están muy cerca del Duomo, por lo que suele ser lo más pateado por los turistas, incluidos nosotros.Este tranvía de aquí arriba está, precisamente, pasando frente a la puerta del famoso Teatro alla Scala, el llamado pomposamente “Olimpo del arte lírico” tiene esta temporada entre las óperas que van a disfrutar los ocupantes de sus 260 palcos a Carmen, Rigoletto, Don Giovanni, Tannhäuser… e incluso una versión del Quijote.

P1200187 Muy cerca se sitúa la Piazza Mercati, la Plaza de los Mercaderes, uno de los pocos vestigios medievales de Milán y mítica ubicación para la fundación de la ciudad. Edificios majestuosos la circundan, destacando la Logia de los Osii, desde cuyo balcón se anunciaban ordenanzas y sentencias por parte de los magistrados de la ciudad

P1200198 De hecho, otro de los lugares más asombrosos e históricamente importantes de la ciudad es un recoleto museo: la Casa Museo Bagatti Valsecchi. Los hermanos Fausto y Giuseppe Bagatti Valsecchi, ambos abogados y ambos adinerados representantes de una de las más famosas familias milanesas del siglo XIX decidieron convertir su casa en un auténtico museo dedicado al Renacimiento italiano.

¿Que iban a derribar una iglesia? Tráigame Vd. para acá esos frescos. ¿Desaparece un Palacio? Para mí esos artesonados. Coleccionistas acérrimos, su casa es digna de ser recorrida (con la asistencia de los amables vigilantes que ayudan en la comprensión de lo que ves si te ven perdido).

Un Palacio tan rico como éste no puede estar sino en una de las zonas más especiales de la ciudad, la de las tiendas de lujo, la de los escaparates sorprendentes…

5. De compras por el Quadrilatero d’Oro

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Giorgio Armani, Versace, Prada, Cartier, Dior, Dolce & Gabbana… todos en la llamada milla de oro o, mejor, cuadrilátero de oro, en el que no todos podemos comprar y en el que la mayor parte de las tiendas están vacías de clientes. Y sin embargo las calles están llenas de turistas que pasean expresamente por aquí a ver si es verdad que hay otra vida más allá de la crisis.

La hay: los zapatos de Versace de la foto tienen el asequible precio de 990 euros. El vestido del maniquí, 2.400 euros.

6. El Cenacolo Vinciano

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En esta humilde casita, construida anexa a la preciosa Iglesia de Santa Maria delle Grazie, se encuentra una de las obras de arte más importantes de la historia: La última cena de Leonardo Da Vinci.

El fresco fue pintado en el refectorio de un antiguo Convento entre 1495 y 1497 y desde siempre ha maravillado a los que lo visitan (aún más después de las penosas novelas de Dan Brown (qué mal escribe ese hombre). Así que si quieres poder ver esta obra inmortal tienes que reservar en www.cenacolovinciano.net. Y hay que andar con cuidado: en un día todo está vendido para los próximos tres meses. Eso es lo que nos pasó a nosotros, así que, muertos de envidia, sólo pudimos ver la Iglesia y el agradable patio trasero en el que una fuente con ranas proporciona tranquilidad.

7. Buscar vestigios romanos y medievales

P1200301 Si la ciudad de Milán se fundó en la Piazza Mercati, la actual capital económica e industrial de Italia aún guarda restos de la historia milanesa, desde época prerromana hasta la actualidad.

El visitante con suerte puede recorrer el anfiteatro romano (nosotros no tuvimos esa suerte) o recorrer las huérfanas columnas (Colonne di San Lorenzo) que en tiempos fueron el pórtico de un edificio de época imperial. Son 16 columnas corintias de más de 8 metros de alto que ahora forman parte de una plaza, la Piazza della Vetra en la que se halla una bonita Basílica del siglo IV, San Lorenzo Maggiore en torno a la cual se reúne una gran cantidad de gente a pasar la tarde charlando.

P1200300 Muy cerca se encuentra la Porta Ticinese Medioevale, la entrada más meridional de la ciudad en el siglo XII. Con sus dos torres macizas y con dos pasos abiertos en su parte inferior para facilitar el tránsito de la gente y de los tranvías, esta Puerta es uno de los restos medievales de Milán.

Y bajando hacia el Sur por esta misma puerta se puede llegar a uno de los lugares menos conocidos de Milán; sus canales. Los Navigli no son sino vestigios del sistema hidrográfico que recorría la ciudad en la Edad Media.

En aquella época Milán probablemente se parecía a Venecia. En el siglo XX a alguien se le ocurrió que aquellos canales no eran adecuados y se rellenaron con cemento para convertirlos en calles. Que no se diga que los cauces de los ríos son los únicos sufridores de los ingenieros sin alma.

8. Admirar los dioramas del Museo di Storia Naturale di Milano

P1200276Precisamente, el alma de la mayor parte de animales naturalizados del Museo di Storia Naturale de Milán hace tiempo que abandonó sus disecados cuerpos pero a cambio los visitantes pueden admirar algunos de los dioramas más impresionantes que he visto en mi vida (y a los que dediqué ya la entrada anterior).

P1200263El Museo se ubica en el primer Parque Cívico de la ciudad y el edificio en sí ya es una maravilla. Recorrerlo supone viajar por los más famosos ecosistemas (y en algunos casos, por las reservas naturales que los protegen) del mundo. Son verdaderamente fantásticos y recrean a la perfección desde la Sabana africana a las Selvas de Costa Rica, de la Patagonia a los bosques lluviosos de Indonesia, de los desiertos mexicanos a los mismos Alpes italianos. Esta anaconda de la Amazonia o estas morsas y narvales del Ártico son vivos ejemplos de lo alucinante de la visita.

Fósiles, minerales, insectos y demás muestra de nuestro entorno completan una visita imprescindible en Milán.

9. Perderse por entre las múltiples atracciones del Castillo Sforzesco y el Parco Sempione

P1200400 El Parco Sempione es el otro Gran Parque Público de Milán. 47 Ha construidas en el siglo XIX que dejaron atrás la antigua Plaza de Armas del Castello Sforzesco. Ahora, con encantadores jardines ingleses, suaves pendientes, amplios estanques, novios haciéndose fotos, paseantes cubiertos con sombreros tiroleses (¡en serio¡) y edificios emblemáticos como la Arena Cívica, el Arco della Pace o el Acquario, el Parco Sempione se convierte en el lugar ideal para perder la mañana.

P1200421 El Acuario es portentoso, está ubicado en el edificio construido expresamente para ello en el Exposición Universal de 1906. Por eso su fachada es modernista y llamativa, desde las estatuas de Neptuno hasta los hipopótamos que vierten agua a sus fuentes. Dentro, el ambiente es sobrecogedor, pues el Acuario está centrado en la vida fluvial de los ríos italianos y en la del Mediterráneo que circunda la península itálica. Emocionante nuestro encuentro con los Esturiones y las morenas.

P1200434 La entrada al Parco Sempione se realiza a través del otro gran monumento milanés: el Castello Sforzesco. Desde su construcción en el siglo XIV por la familia Visconti, el Castillo reconstruido en 1451 por la familia Sforza ha pasado por tantos dueños como la propia ciudad de Milán: franceses, españoles, austríacos, italianos... todos ellos han dejado su huella en el Castillo. P1200365La espectacular Torre de la entrada principal hubo de ser reconstruida en el siglo XX tras caerle un rayo que la destrozó.

Ahora el Castello Sforzesco sirve de alojamiento de numerosos museos: el de Arte Antiguo, el Egipcio, la Pinacoteca...

Los recorrimos a buen paso, y claro que nos deleitamos con La Pietà Rondanini, la obra inacabada de Miguel Ángel, o con algunas de las espectaculares tumbas procedentes de iglesias y monasterios derribados, con los techos pintados por Leonardo Da Vinci, con los preciosos Canalettos o con la estatuílla de Imhotep de Saqqara.

Desde luego, todo esto bien merece una entrada.

10. De la Chuleta a la milanesa a los helados (pasando por la comida medieval)

P1200446Nos dejamos llevar por las riquísimas (y enormes) pizzas que sirven en Rossopomodoro (www.rossopomodoro.com). Probamos, cómo no, una chuleta a la milanesa (Cotoletta alla milanese) en lugar del escalope esperado, paseamos con un helado en la mano, saboreando algo verdaderamente rico…

Pero donde tuvimos la oportunidad de quitarnos el sombrero fue en la Osteria de La Luna Piena, un restaurante antológico de típica comida pugliesa (no lombarda, pero mereció la pena).

P1200208Se encuentra en Via Lazzaro Palazzi, 9, muy cerca de la tienda de cómics que en esta ocasión me tocó visitar (La borsa del fumetto).

Su especialidad: reconstruir platos medievales, haciéndonos probar un aceite con miel, panfrisella y unos pomodori secchi auténticamente deliciosos. Y un trato realmente familiar. Encontrar estos pequeños tesoros gastronómicos depende muchas veces de la suerte.

11. Celebrar con el Inter de Milán la Champions

P1200282 Pero cómo se puede uno creer que va a terminar celebrando la final de la Copa de Europa con los tifossi del Inter de Milán en plena Piazza del Duomo a altas horas de la noche.

Pero si no nos gusta nada el fútbol, si cambio de emisora cada vez que hablan de plantilla, esférico, centrocampista o colegiado¡ No puedo con el fútbol, pero estas ocasiones hay que vivirlas y verlas (no, no tenemos planeado viajar a Sudáfrica para ver la semifinal España-Alemania).

Y más teniendo en cuenta que la final era en Madrid, y que eso es lo que insistentemente nos preguntaban todos los neroazzurros que se quedaron con ganas de estar en el Santiago Bernabéu.

Conquista Madrid, conquista el mundo decían los anuncios en los escaparates y en las camisetas que se vendían por doquier. Numerosos tifossi ocupaban la ciudad, llevaban haciendo ruido desde la mañana, sus trompetas se oían desde los techos del Duomo. Ahora era su oportunidad.

P1200308Así que allí que nos fuimos, a ver cómo se celebraba la victoria (0 - 2)frente el Bayern de Munich (de Mónaco, que dicen en Italia) cuando cientos de personas se reunieron frente a las pantallas gigantes de la Piazza del Duomo, con Vittorio Emanuele II y nosotros mismos como invitados y privilegiados. Enfrente, la inmensa y colosal figura del Duomo, símbolo de una ciudad que merece la pena recorrer a pie... o en tranvía.