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23 de octubre de 2009

Troya / Yacimientos del Egeo Turco (y V)

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Hoy, Troya no es sino un arrasado paraje desde el que se vislumbra, a lo lejos, el mar por el que comerciaron y circularon en la antigüedad los barcos que hicieran famoso a tan insigne puerto.

Y aún así, caminando entre pocos, muy pocos restos que dejen volar la imaginación, aún se sienten los ecos de nombres que han atravesado la marea del olvido de los siglos: Príamo, Hécuba, Helena, Paris, Héctor o Aquiles. La leyenda tenía que estar basada en la realidad, Homero no pudo inventarse todo, debió pensar el rico hombre de negocios alemán Heinrich Schliemann.

Desde niño tuvo a Troya en la cabeza y cuando ya no tenía nada más que ganar, salvo fama, se propuso encontrar la ciudad de la leyenda. Todos se rieron al saber que utilizaría las fuentes documentales de la misma época para hallar la ciudad, que utilizaría la mismísima Ilíada de Homero para encontrar el último hogar del Rey Príamo. Lo que debió de reírse él cuando lo encontró. A sus pies yacía la mítica Troya, muchos pensaban que no existía; otros que desde luego no estaría en el Egeo turco. Pero Schliemann, considerado un ladrón por unos y un arqueólogo típico de su época por otros, halló lo que parecía imposible y, claro, se aprovechó de ello.

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Ahora, este lugar apartado, cercano a Çanakkale, recibe muchas visitas que dudo mucho que se enteren de algo (yo entre ellas). Es un yacimiento difícil, difícil de excavar (se superponen hasta 9 fundaciones de la misma ciudad de Troya), difícil de interpretar (el mismo Schliemann se equivocó en la adjudicación de tiempos) y, por supuesto, difícil de comunicar al común de los turistas.

El gran caballo de madera de la entrada es todo un acierto. Bien, quizá torna en fruslería un serio y atractivo yacimiento, pero es el recuerdo que se va a llevar la mayor parte de la gente, probablemente decepcionada ante lo poco visible o reconocible que se encuentra en Troya.

clip_image002Dicen que se quedaron con el caballo de la Troya de Wolfang Pettersen, la de Brad Pitt, Orlando Bloom y Eric Bana. Y que seguro que los de Hollywood debieron cobrarles un copyright (a los propios turcos troyanos) y el gobierno turco decidió deshacerse del caballo fílmico y sustituirlo por este tan apañado. Pero lo cierto es que desde 1975 este caballo está aquí y continúa sirviendo para que los escolares liberen palomas el día de celebración de la Paz.

La verdad es que la gente disfruta subiendo al caballo, asomándose por sus ventanas…. Ventanas que, en caso de existir el homérico caballo de madera, no aparecerían ni en pintura pues arremolinados en su interior se encontraban los griegos, ocultos, que esperaban conquistar la ciudad de Troya después de 10 años de guerra. ¿La razón? Más cerca del interés por contar con una ubicación estratégicamente necesaria por su cercanía al estrecho de los Dardanelos que en un improbable caso de celos legendarios.

Pero desde luego, la historia de Homero tiene su gracia: Helena, esposa de Menelao de Esparta, debía ser muy bella e interesante. Paris, recientemente descubierto como hermano perdido de los príncipes troyanos Héctor y Casandra, se enamora de ella y la rapta, llevándola a Troya. El hermano de Menelao, Agamenón, aprovecha las ganas de venganza de éste para ir a por la ciudad del rey Príamo. Durante 10 años guerrean dando lugar a gloriosas hazañas heroicas y poco elogiosos y reprochables comportamientos.

El griego Aquiles, héroe que siempre abogó por una vida corta pero de gran fama, acaba con la vida del héroe troyano Héctor, que le ruega antes de morir que entregue su cuerpo a la familia. Aquiles, destrozado por la muerte de su amante Patroclo, pasea su cuerpo muerto y humillado por delante de las huestes troyanas. Los dioses, enfurecidos, le soplan al oído a Paris el secreto del talón de Aquiles, poniendo en bandeja troyana la vida del héroe griego.

clip_image008Pasan los años y no hay un ganador claro. Esos mismos dioses que apoyan a los troyanos cambian de bando e instan a los griegos a cometer la gran obra que permanecerá en la memoria del género humano. Idos, les dicen, abandonad las costas del Egeo con vuestros miles de barcos, pero dejad como muestra de humillación un caballo de madera, homenaje al Dios Poseidón, Dios protector de Troya y cuyo símbolo era el équido. Dentro esperan los griegos que, ante la ingenuidad troyana que les facilita el acceso por las inexpugnables murallas, aprovechan la noche para conquistar la ciudad y arrasarla.

La capa de ceniza de Troya VI la delata como la ciudad de la leyenda. Luego hubo otras Troyas, VII, VIII… que fueron sucesivamente acometidas por terremotos y temporales, por lo que los dioses se guardaron en la manga una jugada que los griegos no podían esperar.

Pero en fin, que en un mismo yacimiento se pueden complementar la Troya de Príamo, la fundada en el 3000 aC, la Ilios griega y la Wilusa hitita. Un yacimiento complejo en el que es fácil descubrir paredes verticales en las que las asignaciones de épocas se confunden al intercalarse sin sentido aparente.

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Troya enseguida acumuló riqueza. Los barcos que recorrían el Mediterráneo o el Egeo debían hacer parada casi obligatoria aquí, pues los fuertes vientos imperantes en la zona les obligaban a pasar unos días en la ciudad. Ahora el mar está muy lejos, desde el más alto oteadero del yacimiento, en un bello lugar rodeado de alcornoques, el mar sólo se atisba en el horizonte y uno debe hacerse a la idea de que seis mil, cinco mil o cuatro mil años atrás esto era un puerto de mar de importancia extraordinaria. Al fin y al cabo, en la Ostia romana también hace siglos que desapareció el mar que le daba sentido a su existencia.

Las excavaciones van muy despacio, los periodos se mezclan: años de catástrofes, naturales y humanas en forma de terremotos y de arqueólogos piratas; como el mismo Schliemann quien una vez halló la ciudad trató de sacarle beneficio económico y social. Las famosas joyas del rey Príamo, que Schliemann encontró en 1873 y que su mujer luce en la más que conocida imagen, son objeto de robo por parte del alemán al pueblo turco.

Estas joyas que presuntamente se perdieron en la segunda guerra mundial aparecieron hace unos años en el Museo Pushkin de San Petersburgo. En este sentido, Schliemann se comportó como el típico cazador de tesoros que ahora se persigue, más que el arqueólogo del siglo XIX que venden algunos de sus defensores.

El saqueador alemán cometió numerosas imprudencias, destrozando cual Atila una buena parte del Yacimiento, pero al menos logró demostrar que la civilización griega comenzó 1000 años antes de lo que entonces se creía.

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La visita comienza por la entrada norte de las murallas de Troya. Esta parte pertenecía la fortificada Troya VI aunque con el tiempo se aprovechó su estructura para la construcción de un templo grecorromano dedicado a Atenea.

clip_image014En su búsqueda desesperada de la Troya de Príamo, Schliemann se encontró con lo siguiente que el visitante se encuentra en el yacimiento: muros de la más que antigua Troya I, con más de seis mil años de antigüedad.

Además, una estructura ascendente de piedra de la misma época acompaña a los muros, retrotrayéndonos muchos miles de años a un pasado imbricado en la mismísima Edad de Bronce.

clip_image016Muy cerca se encuentran los restos del probable Palacio de Príamo. Las piedras que se utilizaron para su construcción, de corte limpio, aseado, sin uso de mortero y sin agujeros entre ellas en la disposición final dan pistas sobre el elevado nivel social de aquellos que promovieron su construcción y vivieron en él.

Como pertenece a la época de Troya VI se le denomina el Palacio de Príamo, si bien no hay pruebas directas de tal adscripción.

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La Troya IX, la Ilium romana, se deja ver al final del recorrido, con un Odeon – Bouleterion de pequeñas dimensiones, lo que da idea de la pérdida de importancia y representatividad que la antigua ciudad había sufrido con el paso de los siglos. Un pequeño baño romano se ha hallado enfrente. Cerca debía situarse el ágora.

Miembros de la familia imperial de Augusto quisieron reconstruir la ciudad de Troya, en cumplido homenaje a su leyenda, como ya lo hicieran el persa Jerjes o el macedonio Alejandro Magno. Al fin y al cabo, Troya es más, mucho más que las piedras que recorremos en la actualidad. Está en el imaginario común de la humanidad.

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La Troya de mil años antes que el Imperio Romano la absorbiese ya utilizaba canales de saneamiento y sus legendarios héroes marcaron la historia de la humanidad gracias a un improbable poeta ciego. Todo eso es cierto.

Pero cuando sales por la que debió ser la Puerta Sur de la ciudad, la más importante e imponente de Troya VI, dejas atrás un yacimiento que mezcla a partes iguales el desencanto por lo que has visto con la más emocionante de las sensaciones. Precisamente por lo mismo: por lo que has visto. Troya.

15 de octubre de 2009

Pérgamo / Yacimientos del Egeo turco (IV)

P1150871 Con Pérgamo te pasa lo mismo que con la lejana Cartago. Recorres sus calles, sus caminos y ves a cada lado pequeñas huellas, restos repartidos, alguna estatua, alguna columna… y te preguntas cómo puede pasar una ciudad de la importancia de ambas a ser pasto de la nada y casi, del olvido. La verdad es que Pérgamo nunca se fue. Es difícil, pues su Acrópolis está situada en un altísimo peñasco, a 275 metros de altura, sobre un paisaje imponente en el que se cobija la nueva ciudad de Bérgamo.

P1150847 En la Acrópolis sí quedan restos, algunos emocionantes como el Teatro o el Templo de Trajano, pero los más casi desaparecidos, huidos en el tiempo al altar de los recuerdos o a espaciosas salas de museos extranjeros.

Con Pérgamo se cometió un delito tan grave como los que se cometieron en Egipto durante el XIX. Los arqueólogos alemanes que trabajaban en la zona tenían el camino abierto: se vivían los últimos años del Imperio Otomano, otrora sinónimo de poder y lujo, ahora símbolo de decaimiento y dejadez.

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Así, Carl Humann (1833-1896) hizo enviar empaquetaditos los bloques de su recién descubierto Altar de Zeus a Alemania, un fraude en toda regla del que por supuesto los gobernantes otomanos de la época se lavaron las manos o se las llenaron de dinero.

El caso es que el Altar de Zeus, enorme maravilla de la Acrópolis de Pérgamo reside ahora cómodamente restaurado en una luminosa Sala del Museo de Pérgamo de Berlín (al menos le pusieron el nombre de la ciudad al Museo). Es digno de visitarse, por supuesto, y probablemente la Gigantomaquia de sus paredes luzca mejor y mejor conservada entre las paredes berlinesas pero en la Acrópolis se nota su ausencia, que dos enormes pinos no pueden ocultar.

P1150884 En realidad, a Pérgamo siempre le han ocurrido estas cosas. Su Biblioteca era muy famosa en la antigüedad, se situaba en segundo lugar entre la de Alejandría y la de su vecina Éfeso. Pero, ay, del encaprichamiento que sufrió Marco Antonio cuando, ya gobernador del Oriente, quiso regalar a su reina Cleopatra de Egipto un presente sin igual: la colección de Pergaminos de la Biblioteca de Pérgamo. Más de 170.000 pergaminos marcharon a Alejandría dejando herida de muerte a la Biblioteca, que sucumbió finalmente a los terremotos posteriores, ya sin alma. En Turquía no queda hoy ni uno sólo de los pergaminos de la Biblioteca de Pérgamo, aunque alguno hay en el British Museum.

P1150846 Los pergaminos fueron una ocurrencia local ante la carestía de papiro que se vivía en la época, entiendo que por la rápida desaparición de la especie y el control de las fronteras egipcias que prohibía su exportación. La gente de Pérgamo aprovechó la piel de antílopes, cabras y corderos, la afeitaban y bañaban en cal. ¿El resultado? Un soporte en el que se podía borrar lo escrito y utilizar ambas caras, un evidente adelanto en la época que les tocó vivir.

El viento, fuerte en lo alto de la Acrópolis, no hace sino subrayar la pobreza material de los restos de la gran Biblioteca de Pérgamo, pocos vestigios para lo que llegó a ser: sus pergaminos desaparecieron con el voraz fuego que acabó con la Biblioteca de Alejandría bajo la inculta y aberrante mirada del Comandante árabe Ambr Ibn El Asr que dijo que “Salvo el Corán, ningún libro podía existir”; las paredes, techos de madera y columnas se utilizaron para otros edificios; los restos de la copia de la Atenea de Oro del Partenón, que ocupaba una de sus salas principales aún puede verse… sí, en el Museo de Pérgamo de Berlín.

La otra ocasión en la que Pérgamo tuvo mala suerte (o demasiado buena, quien sabe) es cuando el rey Atalo III decidió donar la ciudad estado a Roma, en un momento en el que la República comenzaba a albergar tal poder que el inicio del Imperio se veía cerca. Fue en 133 aC, finalizando toda una saga de reyes atálicos y euménicos que dieron grandeza a la ciudad. Qué digo ciudad, al reino, al mismísimo Reino de Pérgamo, núcleo cultural de primer orden, ciudad nunca conquistada, en guerra permanente con los gálatas o con los ejércitos del inefable Mitrídates del Ponto. Ciudad que con su traspaso a Roma terminó convirtiéndose en la capital de la provincia romana de Asia Menor alcanzando otro momento de oro en su historia. A esta época pertenecen casi todos los restos de la Acrópolis.

P1150837 La altura a la que está situada facilita su visión desde muy lejos, y asombra. Aunque más debió asombrar en el pasado. Homero comenta en “La Ilíada” que Zeus descendió de su Olimpo hasta la Acrópolis de Pérgamo para observar la guerra de Troya en primera fila. El ascenso es complicado, la carretera de muchas vueltas, pero ello facilita ver algunos barrios de Bérgamo, divisar los restos de los acueductos más largos de Anatolia, con más de 42 Km y con un diseño tal que permitieran el acceso del agua a la Acrópolis o entrever los restos de la llamada Basílica Roja, antiguo Templo de Serapis, declarada Iglesia de San Juan en los albores del cristianismo e identificada como una de las Iglesias de su Libro del Apocalipsis.

P1150864 La Acrópolis tiene algunos monumentos por los que merece la pena pasear. El Templo de Trajano es uno de ellos. Tanto Trajano como Adriano y como Domiciano antes que ellos trataron bien a las ciudades de Anatolia. Por ello, en casi todos los yacimientos de la zona hay algún templo, algún pórtico, algún edificio público dedicado a alguno de ellos. El Templo de Trajano de Pérgamo, un templo que contaba con tres pisos, se mantuvo mucho tiempo en pie, pasando a ser incluso cárcel con el paso de los años. Los arqueólogos alemanes, los mismos que se llevaron a Berlín el Altar y la estatua de Atenea, lo reconstruyeron y ahora luce espléndido.

P1150868 Lo ordenó construir su sucesor, el también hispano Adriano, que a la postre terminaría siendo venerado en el mismo templo, estatua colosal mediante, que desapareció como tantas cosas con el paso del tiempo. Se han encontrado, eso sí, dos bustos de estatuas gigantes de Trajano y Adriano que, cómo no, se muestran en el Museo de Pérgamo (al que en diciembre habrá que hacer una entrada específica de este blog). De orden corintio, se construyó en mármol, lo que representó una novedad para Pérgamo, dado que durante el periodo helenístico era la andesita el material preferido para este tipo de edificaciones. La restauración ha logrado que su mera visión emocione, y sentarse bajo el enorme moral que da sombra a sus columnas es un extraño placer para el visitante, como lo es acercarse al borde del Templo y dejar perder la vista en al amplísimo paisaje que se divisa desde la Acrópolis.

Y de andesita son los basamentos de columnas que dan la pobre imagen del otrora impresionante Templo de Atenea / Niké, el templo más antiguo de Pérgamo, donde el rey Eumenes II ofrecía su victoria sobre los gálatas a la Diosa protectora de la ciudad, Atenea. Pero si algo sorprende en Pérgamo es su Teatro.

P1150894 Y no por su belleza, el teatro de Éfeso o el de Hierápolis le ganan por varios cuerpos. Es por su pendiente, por su ubicación. En la habitual estrategia griega, los teatros de época helénica se situaban a favor de pendiente, aprovechando colinas para ubicar asientos, disponiendo un escenario de madera de forma natural en la parte baja. Pues con Pérgamo se pasaron. El Teatro más inclinado de Anatolia, que dejaba sitio para 8000 espectadores que lo mismo iban para admirar la obra en el escenario de madera que para vislumbrar la amplísima vista que se dejaba ver tras los actores.

La pared que se conserva es de la época del Reino de Pérgamo, probablemente de alguno de los primeros Eumenes, quienes quisieron dejar huella indeleble con la construcción de este teatro. La leyenda dice otra cosa: dos arquitectos se querían casar con la bella hija del gobernador de Pérgamo. Éste se la ofreció al que hiciera la obra más impresionante.

P1150866 Uno hizo un útil acueducto de grandes dimensiones; el otro este teatro. La necesidad de agua hizo que diera por vencedor al primero pero cuando le fue a dar las monedas de la dote de la hija una cayó por el teatro, revelando la maravillosa acústica que había logrado el segundo arquitecto quien, por supuesto, se llevó a la chica.

Al lado del teatro siempre se suele disponer un Templo dedicado a Dionisio, al que los actores veneraban dejando un poco de tierra en su Altar antes de cada representación. Muy cerca pasa el pasadizo que guardaba la subestructura del Templo de Trajano y por el que ahora se puede pasear para acceder a la zona del Teatro y del ausente Altar de Zeus.

P1150913 La Pérgamo que se desarrollaba en la cuesta de la Acrópolis y hacia el valle no se puede visitar. Incluye un enorme gimnasio, templos, casas y hasta un teatro. Lo que sí es visitable, pero accediendo en coche pues la distancia es importante, es la otra gran visita de Pérgamo: su Asclepion, el primer hospital para enfermos mentales de la historia y uno de los más famosos de la antigüedad. “Aquí la muerte no puede entrar” decía un letrero en la puerta (normal que no entrase, dado que los enfermos más graves eran derivados al otro gran hospital-balneario de la zona, el de Hierápolis).

La historia de Asclepios, el futuro Esculapio romano y probable Imhotep egipcio (arquitecto de Saqqara), es tan liosa mitológicamente hablando que me contentaré con saber que era un semidios hijo de Apolo, quien lo había recuperado del vientre de su madre después de matarla por celos, y a quien Zeus, su abuelo, terminó lanzándole mortíferos rayos cuando Hades se quejó de que no entraban muertos en el infierno, que Asclepios los curaba a todos. De sus cenizas dicen que salió el remedio de todos los remedios, el ajo, que crece curiosamente entre las ruinas del antiguo hospital.

P1150902 Se accede al Asclepios a través de la Vía Sagrada o Vía Tecta, de época romana, y que mantiene aún su solado y algunas columnas, lo que da más prestancia a la visita. Cuando ésta acaba se halla la zona de los propiléos en donde se ubica un mojón con el futuro símbolo de la medicina: la serpiente que curaba en vez de matar y que en su momento era el símbolo del mismísimo Asclepios, es decir, bienvenidos a su hospital.

Los tratamientos que se realizaban aquí eran de lo más diverso y llamativo. El entorno ayudaba a ello, pues los estanques y riachuelos se sucedían, los jardines enriquecían el alma, las bibliotecas enriquecían el cerebro. Al fondo, un teatro de ciertas dimensiones era utilizado por los pacientes para olvidar sus enfermedades en una práctica que podría llamarse psicodramas.

P1150925 Un túnel que ha permanecido intacto durante varios siglos servía para conectar unas áreas del hospital con otras evitando que los pacientes cogieran frío. Por el túnel corría un riachuelillo y someras ventanas se abrían en el techo para dar bloques de luz, creando un ambiente tranquilo para la mirada y el oído, perfecto para pasear y recuperarse. Allí, dicen, es donde los médicos trataban de hablar con los pacientes sin que les oyeran. Y es que en el Asclepios de Pérgamo se puso en marcha por primera vez un trasunto de curas de sueño en las que el paciente había de soñar con el animal que al día siguiente sacrificaría al semidiós quien le dedicaría unas palabras en el túnel. Palabras pronunciadas por los propios médicos, obviamente.

P1150945 El templo de Teleforo era otro centro de tratamiento singular, un edificio circular por el que los enfermos deambulaban, girando continuamente, pensando, meditando, tranquilizando la paz de espíritu. Innovaciones terapéuticas que llevaron a cabo hombres de la valía de Galeno, el médico personal de los emperadores Marco Aurelio y Lucio Vero y que marcaría la historia de la medicina con sus teorías sobre anatomía. Claudio Galeno ejerció de médico en Pérgamo y fue aquí donde por primera vez vio la sangre en el interior de las venas de un gladiador recientemente fallecido en la arena.

P1150909 Se trataba de un centro de terapia global que aunaba piscinas para nadar, los baños de lodo y los jardines para pasear, tratamientos científicamente innovadores (como el uso del hachís) que compatibilizaban con los ingresos privados que les mantenían. Pero en algún momento en el tiempo la Fuente Sagrada de la que bebían los enfermos dejó de manar. Los cristianos y los turcos hicieron todo lo posible porque las prácticas sanitarias llevadas a cabo en aquel hospital mítico de la antigüedad desaparecieran como los pergaminos de la Biblioteca de Alejandría que el abominable comandante árabe quemó para mayor gloria de la palabra de su Dios, quien, en caso de existir, supongo que se hubiera preocupado mucho por las acciones de sus seguidores.

Por suerte, Pérgamo aún sigue alentando la imaginación de quien la visita desde las alturas de su imposible Acrópolis.

11 de octubre de 2009

Afrodisias / Yacimientos del Egeo Turco (III)

P1150506 Afrodita, Diosa de la Naturaleza, la Belleza y el Amor, madre de Eneas y, consecuentemente, madre de todos los romanos. A la Diosa Afrodita estaba dedicado el mayor de los Templos de la ciudad de Afrodisias, a la que daba nombre y cuyo aspecto debió ser, sencillamente espectacular.

P1150513La historia de Afrodisias como yacimiento tiene su aquel. No fue el típico yacimiento tomado por instituciones extranjeras que mientras ayudaban a limpiarlo se llevaban lo más importante; eso vino después. Durante muchos años, y después de abandonarse por espacio de varios siglos, la venerada Afrodisias quedó bajo los cimientos del pueblo de Geyre, que no tenía intención de buscar nada.

La implicación de la Universidad de Nueva York hizo respetar en mucho el proyecto, pero aún así se sucedieron casos peculiares y una realidad incontestable: el nuevo pueblo de Geyre estaba construido encima de los restos de la ciudad de Afrodita y si se querían sacar a la luz algunos de los mejores ejemplos de teatros o estadios romanos de toda la cuenca del Mediterráneo había que sacarlos de allí.

Y así se hizo, con parte del pueblo fuera, se renovaron las acciones de búsqueda y se hallaron los restos de una de las ciudades más importantes de la antigüedad en Anatolia, de la que sólo está excavado un mísero 20%. La verdad es que en el recorrido por el yacimiento afloran un sinnúmero de piezas de columnas, frisos, basas y piedras con más o menos sentido formando un paisaje ciertamente impactante.

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La misión neoyorquina ha restaurado algunos de los edificios de la ciudad, siendo el más importante de todos ellos el Tetrapilón.

Muy cerca de éste se encuentra la tumba de Kenan T. Erim, el arqueólogo turco encargado de la excavación de Afrodisias y al que hay que agradecer el estado actual de la ciudad. Murió en 1990 y sus acciones no parecen haber caído en saco roto, pues cerca del Tetrapilón se ha abierto un luminoso y espléndido museo que recoge muchas de las piezas halladas en la ciudad, algunas imponentes.

Pero volviendo a la ciudad (y empezando por el final de la visita), uno no puede más que verse sobrecogido por el Tetrapilón, que en su momento no fue más que una de las puertas de entrada de la ciudad y que ha sido puesto en pie de nuevo por los americanos, utilizando en algún caso columnas de otros lados del yacimiento. Los frontones de las cornisas están cubiertos de bellos relieves, incluyendo una Gigantomaquia (ver la entrada de Pérgamo).

P1150548 Esta bella puerta, del siglo II dC, se encontraba al éste del Templo de Afrodita pero en línea con él y por ello la vista de ambos a la entrada a la ciudad debía ser portentosa. El carácter religioso de la ciudad impuso que durante siglos ésta no tuviera murallas defensivas: en teoría nadie iba a atacar una ciudad santuario. Pero en el siglo IV lo reconsideraron y construyeron algunas muy cerca del Templo.

P1150524 Catorce columnas quedan aún en pie del que debió ser el mayor centro focal de toda la ciudad pero su transformación en basílica cristiana en el siglo V cambió radicalmente su configuración y diseño.

A ello se le sumaron (como le pasó al resto del yacimiento) los efectos de sucesivos terremotos en los siglos V-VI que dejaron la ciudad en una situación de ruina generalizada. Una gran estatua de Afrodita fue hallada aquí.

Cerca del Templo de Afrodita, caminando entre pistachos y acebuches al calor de la tarde, se puede acceder al mejor conservado de todos los estadios romanos que he tenido la oportunidad de visitar. Circos e hipódromos como los de Roma, Constantinopla o Mérida, de los que no queda más que el hueco que ocuparon, palidecen ante la enormidad de este estadio en el que se jugaban periódicamente los Juegos Olímpicos… Anatolios.

Se conserva bastante bien; tiene 262 metros de largo y 59 de ancho y daba cabida a más de 30.000 personas que, dadas las características elipsoidales de su diseño, no se molestaban unas a otras al querer ver todo el estadio desde su asiento.

P1150531 Al principio estaba muy enfocado al deporte, y en concreto al atletismo. A estas actividades las mujeres no tenían permitido asistir (recordemos que Gym significa desnudo, tal y como estaban los atletas que participaban). Con el tiempo fue transformado en circo donde se verían juegos gladiatorios (munera) y cazas de animales (venatio). Además, se aprovecharon sus caras para incorporarlas a la defensa de la ciudad, pues constituían una eficaz fortificación.

P1150522 Dejando Templo y Estadio atrás se llega hasta el Odeón, una sala de conciertos techada muy bien conservada. El agua amenaza permanentemente los cimientos de esta pequeña sala de música que también ejercía de parlamento como Bouleterion.

De mármol blanco y azul, con leones a los pies de las columnas y al borde de la escena, la impresión de fuerza y estética coincide con su ubicación, cercano al Templo de Afrodita, esto es, se trata de un edificio importante.

P1150488 En el siglo I aC se proyectó una gran plaza pública en el centro de Afrodisias, un Ágora con largos pórticos de hasta 200 metros. Aún se mantienen en pie muchas de las columnas de los mismos, ocultas por los álamos plantados por los antiguos pobladores de Geyre.

El pórtico más conocido es el de Tiberio, hallado por la Misión italiana que se encargaba del yacimiento en 1937. Además de una inscripción ad hoc, lo más llamativo del hallazgo es el impresionante número de bloques de frisos decorados con cabezas de personajes mitológicos, históricos o de simples máscaras teatrales que se enlazan entre sí con guirnaldas. Hay un número enorme repartido (o acumulado) en algunas partes del yacimiento de Afrodisias.

P1150509 Cerca del Pórtico se situaban las llamadas Termas de Adriano. Las inundaciones periódicas que sufrían los de Afrodisias les dieron la idea de abrir unas termas al norte del Ágora terminadas con otra gran plaza pública.

Dedicadas a Adriano, las termas contaban con sus correspondientes Frigidarium, Tepidarium, Caldarium o Apodyterium y debieron ser muy utilizadas hasta el siglo III. Ricamente decorados, se han hallado numerosos frisos y estatuas aquí, que se reparten entre el Museo de Afrodisias y el Arqueológico de Estambul.

También durante el siglo I aC los habitantes de Afrodisias decidieron cavar la cuesta oriental de la antigua Acrópolis para construir un teatro. Aunque muy restaurado en los siglos I y II, así como en el periodo bizantino, la reconstrucción realizada a finales de los 90 del siglo pasado ha dejado un teatro de aspecto imponente.

P1150492 Como el resto de teatros de la zona, es un teatro grecorromano, una ampliación romana del teatro griego original. Los griegos aprovechaban las colinas, como aquí. Eran los romanos quienes ampliaban en pisos y en tamaño los teatros griegos. Los actores debían llevar máscaras altoparlantes para hacerse oír. El público se sentaba en la cavea, hombres y mujeres por separado. A las tragedias podían asistir todos. A las comedias sólo los hombres, por las palabras altisonantes que los actores pudieran utilizar durante la obra.

P1150500 En el pórtico del escenario hay una inscripción. En ella, el constructor del teatro, Zoilo “liberto del hijo del divino Julio dedica este teatro a Afrodita y al pueblo”. Cayo Julio Zoilo fue, efectivamente, un liberto de Cayo César Octaviano, futuro César Octavio Augusto. Como hasta 27 aC no fue nombrado como tal, el teatro necesariamente se construyó antes. Las 7000 personas que cabían en el interior del teatro debieron agradecérselo.

P1150501 El uso de juegos de mesa se convirtió en habitual en Afrodisias en algún momento pues se hallan tableros inscritos en piedra tanto en el Teatro como en el Estadio o en las Termas de Adriano.

Un buen número de estatuas decoraban tanto el escenario como la fachada y ahora se muestran en el Museo, cercano. Pero lo que recoge con mayor fidelidad el Museo de Afrodisias son los relieves del Sebasteion, el edificio dedicado al culto de los Emperadores. Sebastos es el equivalente griego del latino Augusto y de ahí viene el nombre.

P1150560 Sorprendentemente, Afrodita compartiría culto aquí con todos los emperadores de la Dinastía Julio-Claudia a partir del mismísimo Octavio Augusto.

Las fachadas del edificio estaban completamente cubiertas de relieves decorativos de índole mitológica o referente al culto imperial. En la actualidad el edificio está en proceso de restauración y se están realizando copias de los bajorrelieves para que puedan verse en toda su gloria. Los frisos originales están, claro, en el Museo.

Son muchos, muchísimos. Y sorprendentemente vivos. Probablemente fueron realizados por escultores de la zona, que formaron parte de la Escuela de Afrodisias. Las excelentes canteras de mármol de la zona debieron facilitar el desarrollo de esta escuela de escultura, algunas de cuyas obras maestras se pueden ver aquí.

P1150566 Entre las que más nos gustaron está la imagen del emperador, desnudo como un luchador, siendo coronado con la corona cívica de roble, sólo concedida a los héroes de la batalla, por una representación togada del mismísimo pueblo de Roma.

Una ampliación del mismo, personificada en Claudio (desnudo y con su corona cívica) y con esposa Agripina al lado, también se expone.

P1150574 Entre las de tipo mitológico, llaman la atención las tres gracias, posicionada en su forma helenística habitual. No hay que olvidar que fueron creadas por la misma Afrodita y sus nombres evocan sus caracteres: Euphrosine (Juego), Aglaia (Esplendor) y Thaleia (Fertilidad).

Un caballo de mármol azul hallado en la basílica cívica de la ciudad se ubica en el centro de este recomendable paseo por lo que en el futuro se podrá ver instalado en el Sebasteion.

A la salida del Museo se encuentra una colección de sarcófagos procedentes de la necrópolis, muy poco excavada. De hecho, estos sarcófagos proceden del mismísimo pueblo de Geyre, donde habían sido reutilizados como fuentes o abrevaderos.

P1150554 Es lo irónico de la historia del hombre: las civilizaciones se suceden, la grandiosidad da paso a la miseria y ésta de nuevo a la gloria. Pero las gentes de cada momento tienen que sobrevivir aprovechando los recursos que tienen a mano, aunque éstos vengan de un pasado glorioso desconocido del que ya no recuerdan nada.

4 de octubre de 2009

Hierápolis / Yacimientos del Egeo turco (II)

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Que no se diga que los yacimientos no atraen turistas. Muy ufanos, los aquí presentes retozan en las aguas de la piscina compartiendo baño con columnas y bases. Se están bañando en lo que probablemente fue un estanque sagrado del cercano Templo de Apolo, que se encuentra en plena excavación. Sorprende ver a la gente feliz bañándose entre columnas.

Sorprende, quizá debería ofender o preocupar, pero las cosas son así. Al menos, el resto de la ciudad de Hierápolis está bastante bien recuperada y con suficiente información para los visitantes.

P1150386 Hierápolis de Frigia está en la actual Pamukkale. Lo que más se conoce de esta ciudad turca son sus famosos castillos de algodón, blanquísimas terrazas de mármol travertino que se formaron cuando el agua de los manantiales de agua caliente de la zona, que desprendían dióxido de carbono al descender por las laderas, fue formando depósitos de piedra caliza. Los sedimentos y precipitados de carbonato cálcico, tan blancos, son los que dan nombre a esta zona tan espectacular que está en peligro de desaparecer.

P1150461 De hecho, el acceso a parte de los castillos de algodón está cerrado pues son las pisadas y el continuo transito de los turistas una de las razones de su degradación. Las otras tienen que ver con la reducción paulatina del agua en la zona, la aparición de microorganismos que colorean el blanco del travertino o la instalación de infraestructuras como la piscina (que está dentro de un complejo) de la foto inicial (los hoteles que se construyeron en los años 80 fueron convenientemente demolidos).

No obstante, es preciso añadir que en aquellas zonas en las que no hay posibilidad de acceso, el paisaje de los castillos de algodón se vuelve asombroso, bellísimo. Hay una zona preparada para que te mojes los pies (poco más) y está atestada de gente. Poco más allá, sin embargo, la zona con paso restringido brilla con un blanco luminoso dando a entender las razones por las que UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad este magnífico paisaje.

P1150377 Fueron precisamente las aguas termales de origen volcánico que conformaron el paisaje de los castillos de algodón de la actual Pamukkale las mismas que favorecieron la creación de la antigua Hierápolis.

Se trataba de una ciudad balneario, un lugar de descanso, pero también un lugar donde curarse. Según la teoría, la gente que por su gravedad no podía ser tratada en el prestigioso Asclepion de Pérgamo (la muerte no podía entrar aquí, decían) era enviada a las termas de Hierápolis que se convirtió en el destino de un gran número de enfermos moribundos necesitados de las bondades de las aguas termales.

P1150350 Y eso se nota nada más comenzar la visita: la necrópolis es enorme, se trata de la más grande de Anatolia y cuenta con hasta 1200 tumbas. Túmulos, sarcófagos, panteones dan un aspecto casi romántico al inicio del recorrido por Hierápolis.

Formas diversas, tamaños grandes y pequeños, sarcófagos destrozados, la hierba creciendo entre tumbas muchos años ha abandonadas, panteones sin techo, relieves de Medusa, protectora local, mirándonos desde hace 2000 años.

P1150359Y no sólo los moribundos venían a pasar sus últimos días a Hierápolis, la ciudad también era un destino turístico de primer orden para ricos y personas de clase alta, que venían a disfrutar de sus aguas e instalaciones (y que probablemente también estarían enfermas). Por ello las tumbas repartidas por la gran necrópolis de Hierápolis son tan llamativas: porque pertenecían a gente de dinero. Enferma, pero de dinero.

P1150356 Sarcófagos para ricos, túmulos para personas importantes, panteones exclusivos para la Primera Clase. La Historia se encargó de saquear las tumbas de aquella gente que poblaba la pequeña ciudad de Hierápolis hasta alcanzar los 70.000 habitantes, una barbaridad para la época.

Hay muchas tumbas que llaman la atención en el recorrido, pero casi no podemos parar en ellas. Algunas, con forma de templo, recrean la vista. En algún caso se puede pasar dentro, como en la Tumba 162, en la que el sarcófago de Marco Aurelio Amiano Menandriano P1150348 (un empresario textil) decorado con guirnaldas nos espera en uno de los dos patios de la recoleta tumba.

Nos siguen las hordas de turistas (nosotros somos los primeros visitantes de la mañana, la primera invasión) y dejamos el tiempo justo para ver alguna llamativa como las más cercanas a la entrada de la ciudad.

Son cristianas, son las más cercanas en el tiempo: se construyeron aquí pues en el momento de la caída de la ciudad (motivos religiosos y tectónicos en una alianza simpar) las entradas ya estaban en fase de degradación tal que era sencillo construir sobre lo antiguo (pero siempre fuera de las puertas de entrada).

P1150361 Entre las tumbas aparecen los restos de unos baños romanos. Los griegos, fundadores de la ciudad gracias al rey de Pérgamo Eumenes II, no tenían la costumbre de bañarse por lo que este edificio es claramente de época romana.

Son unas ruinas dignas (se les llama también baños basilicales pues a partir del siglo VI fueron transformados en iglesia) que invitan a continuar el recorrido. Hay otros restos dispersos por toda Hierápolis de la ciudad bizantina: una catedral cercana al Ágora pero sobre todo, en lontananza, los restos de la Iglesia del Martirio de San Felipe.

P1150436 La llamada Vía de Frontino, la calle principal de la restaurada Hierápolis, es la que recorren a diario los turistas, que pasan por debajo de los arcos de la Puerta de Domiciano, construida por Julio Frontino, procónsul de Asia Menor en los años 82-83, durante el imperio del menor de los Flavios.

Quedamos después arrobados ante la segunda puerta de entrada a la ciudad, la Puerta Norte, donde aprendemos a diferenciar entre las Puertas de estilo típicamente romano (con los arcos abiertos) y las Puertas Bizantinas (con el arco cerrado por la parte superior). P1150383

Esta de aquí es bizantina, construida en el siglo V cuando los emperadores bizantinos gobernaban una Constantinopla imbatible. La Puerta y el complejo bizantinos ya fueron construidos con los restos del antiguo Ágora.

La puerta formaba parte de varios edificios y conducía a algunas de las áreas principales de la ciudad. Poco queda, a la izquierda de la puerta, del Ágora o Foro romano.

Alguna columna aislada sobrevive de lo que debió ser la plaza principal de la ciudad. P1150443Desparramadas entre la hierba agostada aparecen aquí y allá columnas, capiteles, restos de decoración. Del Ágora no queda demasiado (o no se ha excavado demasiado). El aspecto de la calle principal es otro, está bien conservada, incluyendo las enormes piedras del suelo por las que pasarían carros, caballos y hombres.

A sus lados, restos de columnas pertenecientes a diferentes edificios, entre los que destaca el llamado Ninfeo de los Tritones (llamado asó por los relieves de tritones hallados en piezas de la construcción). Una amazonamaquia decoraba partes de las paredes del templo, cuyas columnas y fuentes daban a la calle principal.

P1150434 Fuentes de un tamaño portentoso. Alguna se ha reconstruido.Hay que tener en cuenta que la fachada del Ninfeo ocupaba más de 60 metros de la calle principal. Fachada que, junto con los preciosos relieves de delfines, tritones, personificaciones de ríos y estaciones del año y caballitos de mar se vino abajo poco a poco tras los efectos de sucesivos terremotos, muy habituales en esta zona tectónicamente sensible de Anatolia. Cuando se construyó en época de Septimio Severo (sobre el 222 dC) su aspecto debió ser formidable.

Pero donde la Misión Arqueológica Italiana, responsable del lugar, está echando el resto es en el gran Teatro de Hierápolis. Se accede a él a través de una cuesta empinada de cierto desnivel. El Templo de Apolo queda a un lado, también en fase de restauración e inaccesible.

P1150390 El teatro se construyó en plena época romana, cuando Septimio Severo, ocupando un antiguo teatro flavio. El frontis principal estaba dedicado a Apolo y Artemisa y fue restaurado en 352 dC, como relata una inscripción hallada en el mismo.

P1150400 A día de hoy, dado que se conservan más del 90% de piezas del escenario, éste se está convirtiendo en el objetivo preferente de la restauración, tratando de convertirlo en el mejor teatro conservado en Turquía. Ya lo dijo en 1840 Baptstin Poujoulat, viajero francés: “No existe en todo el Oriente un teatro mejor conservado que el de Hierápolis”.

Esperemos que los turistas que se bañan en las piscinas, que mojan sus pies en los castillos de algodón y que recorren la Vía Frontina sepan valorarlo.

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