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4 de junio de 2011

Maravillas del Muséum National d’Histoire Naturelle de París

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Ésta es la Gran Galería de la Evolución, la respuesta del Museo Nacional de Historia Natural de París (http://www.mnhn.fr/) los nuevos aires expositivos de otros museos del mundo. Pero si el visitante lo que quiere es perderse un rato por ambientes que recuerden más al Museo Egipcio de El Cairo que al Darwin Cocoon del Museo londinense pues también lo tiene fácil.

Es cuestión de cambiar de edificio, volver a pagar la entrada (estos franceses son unos caras, te hacen pagar una y otra vez la entrada aunque sean diferentes módulos del mismo museo) y encontrase cara a cara con la Galería de Anatomía Comparada o la de Paleontología, donde la inmensa colección de esqueletos y órganos nublará la vista hasta de los más interesados.

P1260281Ambos edificios se encuentran en un escenario idílico: el Jardin des Plantes de París, el jardín botánico de la capital francesa, un lugar precioso en el que el arbolado, los invernaderos, las estatuas, los parterres y hasta un pequeño zoo se convierten en un lugar perfecto para pasear. De hecho, tiene más pinta de ser un parque público grande y amplio que un jardín botánico puro y duro.

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Así que recorremos los caminos del Jardin des Plantes en un fenomenal día de primavera.

No nos paramos ni en el laberinto ni en los invernaderos (en otra ocasión) pues nos dirigimos directamente a las salas del Museo de Historia Natural, cuyos horarios son netamente europeos. Primera parada: la Galería de Anatomía y Paleontología, que cierra las 17:00. En la entrada nos reciben reproducciones de dinosaurios y animales extintos, incluyendo un fósil viviente, la Wollemia, P1260277una araucariácea australiana. Sin embargo, reciben más atención las enormes figuras del Mamut o del Estegosaurio que se encuentran a los lados.

El edificio donde se encuentra la Galería de Anatomía se abrió al público en 1898 con motivo de la Exposición Universal de 1900. Y pasear por su interior logra trasladarnos, precisamente, a la sutil frontera entre los siglos XIX y XX: piedra, vigas metálicas, suelo de madera, vitrinas de vidrio por todos lados.

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P1260282 El Museo es en sí mismo parte de la colección: la arquitectura exterior e interior refleja el espíritu de su época y de grandes nombres de científicos franceses: Saint Hilaire, Bonnier, Cuvier, Buffon

Así que asistimos a una exposición museográfica del siglo XIX en pleno siglo XXI. Dice el folleto que te entregan a modo de mapa que “la Galería se visita como una biblioteca de objetos” y no le falta razón. Se muestran del orden de 1000 esqueletos montados, muchos de ellos procedentes de las colecciones que naturalistas franceses de prestigio donaron al museo (como los de la antigua Galería Cuvier), así como de lo que las misiones de expedición por el mundo traían a París. P1260331 Precisamente, nos agrada mucho encontrar entre las vitrinas (en este caso, las del área de Paleontología) algunas piezas de la colección personal de Lamarck.

Paseamos entre los esqueletos, aunque ya tengo decidida mi primera visita. Están todos superpuestos unos y otros en un ambiente absolutamente abarrotado. Y es quizá por esa misma razón por la que el esqueleto de la Vaca Marina de Steller (Hydrodamalis gigas) me sorprende tanto. Es enorme, muy grande y sobresale entre los demás esqueletos por su tamaño y volumen.P1260284

Existen otros esqueletos de animales desaparecidos recientemente por la acción del hombre, desde el tradicional lobo marsupial o el Quagga hasta un asno sirio extinto en el siglo XIX pero es la Vaca Marina de Steller la visita obligada en este caso. También se muestran otras piezas por su valor en la historia: desde el rinoceronte de la colección zoológica que mantenía Luis XV en el Palacio de Versalles hasta los esqueletos de algunos animales momificados en el antiguo Egipto (en particular, un gran toro Apis).

P1260283Por supuesto también se muestran esqueletos de interés científico (en particular, los holotipos, ejemplares que sirven como referencia en la descripción de una especie.

En este caso se muestran los del Equidna de Pico Largo, la Ballena Austral o la Ballena jorobada descritos todos ellos en el siglo XIX y la última, en particular, en 1823 por el mismísimo George Cuvier. Hay también esqueletos de especies llamativas o emblemáticas como el Okapi, el celacanto o el narval.

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¿Y porqué tal Parada de esqueletos? Por la importancia que tuvo la anatomía comparada en el siglo XVIII. El estudio comparativo de la forma y estructura de los órganos animales (por cierto, respecto de los órganos, ya se muestra un número muy elevado de ellos en las vitrinas laterales) fue uno de los P1260335hitos de la ciencia francesa del siglo de oro, dedicándose muchos de sus científicos a fijar los criterios taxonómicos que permitieran presentar una clasificación coherente de los grupos zoológicos. Y de ahí la necesidad de realizar tales comparativas.

Si subimos por las escaleras que parten del vestíbulo principal o de las centrales podemos acceder al primer piso, la planta dedicada a la Paleontología y que cuenta con la más que habitual copia de esqueleto de Diplodocus como representante de todos los fósiles expuestos, que son muchos.

P1260297 De nuevo aparece George Cuvier como el científico francés más mencionado en este ala del Museo de Historia Natural de París. La paleontología de los vertebrados fue desarrollada por él a principios del siglo XIX, cuando estudió los fósiles de las canteras de yesos del cercano Montmartre y los comparó con los huesos de los vecinos del piso inferior.

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600 millones de años nos contemplan y lo hacen a través de los vacíos ojos de un buen número de especies fósiles. Más de 2,7 millones de fósiles de todo el mundo conforman la colección de este museo, dicen que la más grande del mundo.

Las colecciones fósiles de vertebrados de Cuvier y compañía se complementarios a mediados del XIX con la colección de fósiles de invertebrados de Alcide de Orbigny, lo que contribuyó a darle el prestigio que disfrutas la colección hoy en día. Entre los fósiles más notables, me quedo con un par de la Era Secundaria y con algunos ejemplos del Cuaternario. P1260300En primer lugar, el impresionante Sarcosuchus imperator. Aparece en un buen número de documentales sobre dinosaurios y en persona es tan impresionante como su recreación digital. Vivió hace 110 millones de años en el Cretácico inferior y este magnífico ejemplar fue hallado en el desierto de Ténere en Nigeria.

P1260324Como su nombre indica, Sarcosuchus es el “Emperador” de los cocodrilos. Los 10 metros que podía llegar a medir más las 4 toneladas de peso que debía ocupar lo hacían verdaderamente sorprendente.

La especial forma de la punta del cráneo llama la atención: posiblemente se trate de una nariz termosensible y capaz de detectar olores en cualquier lado. Lagartos, tortugas y dinosaurios herbívoros debían estar entre las presas más habituales de sus más de 100 dientes.

P1260303 El otro protagonista que nos gustó de la Era Secudaria es el Mosasaurio de Maastrich (Mosasaurus hoffmani). Es del Cretácico Superior, de hace 68 millones de años. Fue hallado en 1780 en Maastrich y fue precisamente Cuvier quien vio detrás de aquellas imponentes mandíbulas de más de un metro la pista de un lagarto. Y aquí que está el Mosasaurio, que podía llegar a tener más de 12 metros de largo, posando para la misma posterioridad que Cuvier, ambos alineados en un único objetivo: darse a conocer.

P1260313Plesiosaurios, Ictiosurios, Iguanodontes… algún cast y algún esqueleto original acompañan al Mosasaurio y al Sarcosuchus. Pero es en el Cuaternario donde nos sorprende algún gigantesco Megatherium americano, los grandes perezosos de la Patagonia están bien representados.

Pero sin lugar a dudas, yo me quedo con la vitrina dedicada a los carnívoros contemporáneos del hombre en su vida en las Cavernas. Y ahí están varios ejemplares de Oso Cavernario (Ursus spalaeus), de León de las cavernas, de Hiena de las Cavernas y de lobo. Todos ellos compartiendo espacio en la vitrina y vida junto al hombre del Paleolítico. Casi todos los esqueletos proceden de la colección del Barón Edmón de Rosthchild que parece que era muy aficionado a este tema. Fueron hallados todos ellos en Francia a caballo entre los siglos XIX y XX.

P1260320 Algunos ejemplares de Aepyornis, la gran ave del Cuaternario sirven para presentar otro fósil muy llamativo,el de Thalassocnus natans. Se trataba de un herbívoro semiacuático (como los actuales hipopótamos) del Mioceno peruano, hace 6 millones de años, y está preparado en actitud de nadar (aunque pueda no parecerlo).

Los fósiles de invertebrados, por los que tuve que pasar de largo, están en la parte superior de este ala dedicada a la paleontología. Y con una visita a la tienda nos despedimos de las Galerías clásicas para visitar rápidamente el edificio dedicado a la Gran Galería de la Evolución. P1260355 Ésta es la estrella indiscutible del Museo de Historia Natural de París y está en un edificio situado jardínes abajo del de la Galería de Anatomía, pasando de largo por los dedicados a las colecciones mineralógicas.

El nuevo edificio alberga la Gran Parada de animales disecados. De hecho, los ejemplares de esta Gran Galería de la Evolución proceden de las enormes colecciones históricas de las galerías de zoología del antiguo museo del siglo XIX… sólo que expuestas en el siglo XXI. Mayor espectacularidad, más amplitud, menos abarrotamiento, información actualizada y llamadas de atención constantes acerca del valor de la vida. Así es esta parte del Museo.

La diversidad de los seres vivos tanto en el medio marino como en el terrestre ocupa dos pisos enteros del museo. En este caso se tira no sólo de animales naturalizados sino también de numerosas copias y reproducciones de gran calidad.

De las llanuras abisales a la Sabana Africana y de los arrecifes coralinos a las selvas tropicales de América, se trasladan a París ambientes y faunas, fotografías, escenas y mucha información.

 

Esta escenografía se complementa con algunos esqueletos (alguno de ballena de cierto porte) y se comienza ya a tomar nota de la importancia de conceptos científicos asociados a la evolución de las especies así como a conceptos sociales asociados a la importancia de mantener criterios sostenibles en la interacción del hombre con el medio.

P1260356De ahí que aparezcan señalados proyectos tan interesantes como la reintroducción del Oryx de Arabia en Omán y Arabia Saudí, una vez extinguidos todos los ejemplares salvajes en 1972. En ese momento se recogieron los últimos de todos ellos, se facilitó la reproducción en zoos y se reintegraron a sus medios, que ya les echaban de menos. Pero si hay una sala verdaderamente llamativa es la dedicada a las Especies amenazadas y Especies Extinguidas. Primero hay que decir que se ve prácticamente a oscuras. Es cierto que algunos ejemplares deben ser tan longevos o tan delicados que la luz se torna en agradable oscuridad, que, por otro lado, le concede una sensación que no tendría en otro caso.

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Además del tradicional dodo de Mauricio, el Quagga o el Tilacino hallamos algunos ejemplares de importancia histórica, últimos mensajes al mundo de especies como –abajo a la derecha- el antílope Hipotrago Azul africano (Hippotragus leucophaeus), el Ciervo de Schomburck o el Emú Negro australiano.

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Galápagos de islas deshabitadas, celacantos y numerosas especies en peligro de extinción a lo largo del mundo (como nuestro Quebrantahuesos) comparten espacio con estos tesoros apolillados.

Una manera digna de finalizar nuestra visita por este área novedosa expositivamente del Museo de Historia Natural de París. El hombre como domesticador, como transformador del paisaje, como causante de extinciones. Pero también como científico, como conservador, como estudioso, como aficionado. De hecho, al salir a la preciosa tarde primaveral parisina ya nos esperan con sus eternas miradas de piedra Cuvier o Buffon en el Jardin des Plantes para asegurarnos que siempre van a estar allí.

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28 de mayo de 2011

El Palacio de Versalles (y III): El Dominio de María Antonieta

P1260056 Ponte en el lugar de la Reina María Antonieta. Vives rodeada de lujo en uno de los palacios más impresionantes de tu época. Tu marido es un tipo un poco raro y creído, pero es el rey Luis XVI, la persona con más poder de toda Francia (por ahora). Y también tienes carácter: no te dejas amedrentar por los gustos de la nobleza que te rodea (y que, en ocasiones, te agobia) y por eso decides hacer algo propio en ese espacio que regaló el rey en 1774 cuando ascendisteis al trono.

P1250997Y lo conviertes en una extensión de tu personalidad, una verdadera bofetada de personalidad, solo que con un encanto y una gracia que lo convierten en la mejor parte de la visita al Dominio de Versailles.

En los últimos años se ha querido dar una vuelta de hoja a Versalles. Sobre todo, teniendo en cuenta el desastroso incidente meteorológico de 1999 (que, precisamente, destrozó gran parte de los jardines que forman parte del Dominio de María Antonieta). Y parte de esa iniciativa se materializó en la espectacular recuperación de las Posesiones de María Antonieta: el Petit Trianon, la Aldea, el Teatro, el Jardín inglés, el Jardín francés…

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Nos acercamos a la puerta de los Suizos, lugar de entrada al Dominio. Y es que nadie podía pasar sin invitación al escondite de lujo de la reina en Versalles.

Y con ello comienza un paseo inolvidable por una serie de espacios asombrosos y restaurados con delicadeza. Palacios aparentes. Jardines inolvidables, mientras algunos simulan malamente cierto salvajismo otros muestran un clasicismo de postal. A ello se le añade la impresionante aldea de la reina. Y con todo ello uno se puede hacer perfecta idea del enorme contraste que debía existir entre el francés medio del siglo XVIII y sus reyes y las razones detrás de la revolución de 1789.

P1260001 Pero volvamos a 1774 y entremos en el Palacio del Petit Trianon. Bueno, quizá mejor un poquito antes: 1668 cuando el rey Sol compra una aldea llamada Trianon, la demuele y la anexiona al Dominio de Versailles. En estos terrenos se situará un Jardín Botánico cuyas plantas más importantes finalizarán en el Jardin des Plantes de Paris por orden de la Marquesa de Pompadour y de Luis XV, quienes deciden construir en su lugar un pequeño palacio (el Petit Trianon). María Antonieta recibe esta zona como regalo de su marido y da una vuelta completa al Petit Trianon, encargando además la creación de unos jardines de estilo inglés y, con ellos, cascadas, grutas, arroyos, céspedes y pintorescos paisajes.

Accedemos al Petit Trianon por la parte cercana a la Capilla, un pequeño patio abierto y la Sala de los Guardias. Allí espera un cochecito de niño que perteneció al primogénito de María Antonieta y Luis XVI, el Delfín así como un cuadro de Johann Georg Weikert que muestra a una María Antonieta niña que baila en los jardines vieneses del Schönbrunn con sus hermanos.

Al lado del vestíbulo se encuentra la Sala de Billar de Luis XV en la que se expone un busto de la reina muy interesante. La guía nos cuenta que la mesa de billar azul del centro de la sala (ver foto superior) es una reconstrucción de la original.

P1260008Esta planta baja está dispuesta alrededor de un vestíbulo principal desde el que sale una escalinata hacía los pisos superiores. Esta planta, además de la Sala de Billar mantiene un calientaplatos y varias salas destinadas al servicio. P1260006La Sala del Calientaplatos está en su estado original y en ella se muestran, además del mismo, vitrinas con platerías, vajillas y porcelanas de varias épocas.

En otra de las vitrinas se exponen herramientas de jardinería… que no se usaban realmente. Luego veremos porqué. Además hay una pequeña muestra de trajes de la época. Nos dirigimos entonces a la escalinata, adornada con una cabeza de Medusa y con una rampa que lleva las iniciales de María Antonieta en varios de sus tramos.

P1260014 El primer piso era el dedicado a la vida de la reina y su cortejo: una antecámara, un comedor principal, un comedor pequeño, un salón de compañía (con algunos instrumentos de música de la época), el llamado Camarín de los Espejos y la Cámara de la propia reina.

El Retrato de María Antonieta con una rosa, de Elisabeth Vigée-Lebrun, pintado en 1783, es una de las obras más conocidas que guarda el Petit Trianon en su primer piso. Nos quedamos, de entre todas las salas, con el pequeño Comedor, en el que se ubica un pequeño retrato de Carle Vanloo quien pintó en 1760 a la Marquesa de Pompadour como una Hermosa Jardinera.

Y justo al lado, encima de una consola que lleva la marca del guardamuebles de la reina, se sitúan un reloj de péndulo y dos huevos de avestruz que formaban parte de la colección de Luis XVI en su momento.

El cuarto del retrete nos facilita la despedida del pequeño palacio, que visto desde fuera ahora que salimos a los jardines se ve espléndidamente con su planta cuadrada y sus fachadas casi de estilo neoclásico.

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Y nos internamos directamente en los jardines de estilo inglés. Lo que quedaba del jardín botánico y zoológico de Luis XV fue definitivamente a parar al Jardin des Plantes de Paris. María Antonieta encargó al arquitecto Richard Mique y al pintor Hubert Robert que crearan un parque “a la inglesa”. En 1777 edificó en una pequeña isla, rodeado de sauces llorones, un templo a la antigua, un Templo del Amor.

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Este templete no es sino una más de las atracciones que se asocian a un jardín inglés. Todo pintoresco y encantador, romántico pero salvaje. Un arroyo sirve de guía para el paseante, que va encontrando a su paso puentes, grutas, prados, alamedas, construcciones varias como este idílico templete del amor.

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Una naturaleza no limitada por invernaderos o jardines, algo único y espectacular en el que sentirse libre.

El templo del amor, construido íntegramente en mármol, está decorado por numerosas esculturas en sus capiteles y frisos, ganando protagonismo el Cupido fabricando su arco con la maza de Hércules de Bouchardon (el original está en el Louvre, ésta es una copia del XVIII de otro importante escultor, Mouchy). La reina escucharía música en un quiosco de música, se escondería en la gruta para observar a los visitantes, recorrería alborozada el interior de su Templo del Amor mientras los variados colores de las flores del jardín inglés llenarían con luz sus ojos.

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Los vientos huracanados del 26 de diciembre de 1999 provocaron un profundo daño en la arboleda del jardín inglés. Algunos de los árboles antiguos, de la misma época que la propia María Antonieta e incluso anteriores, sucumbieron a la meteorología (entre ellos un Tulipero de Virginia muy famoso). La restauración siguió al dedillo el mismo proyecto de la Reina.

P1260049 Otra restauración espléndida, ésta realizada desde el siglo XIX, es la que benefició a la Aldea de la Reina. Otros personajes de la nobleza, como el Príncipe de Condé de Chantilly, ya contaban con una, pero la Reina María Antonieta quiso tener la mejor.

Así que encargó la construcción de un pueblecito en su dominio, de una aldea normanda en la que gozar con sus hijos y la Corte de los placeres del campo. Y contó, para ello, con los dibujos de Hubert Robert y la participación de Richard Mique.

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Estos construyeron hasta 12 chozas, rodeadas de huertos y jardines de flores, todas en torno a un gran lago poblado de carpas y lucios. Presidiendo el Gran Lago se encuentra la Torre de la Pesquería o Torre de Marlborough (la primera construcción en erigirse en la aldea). Su nombre procede de la canción de éxito que se compuso a raíz de la muerte del duque de Marlborough: Mambrú se fue a la guerra. La cantaba Querubín en Las bodas de Fígaro de Beaumarchais y la puso de moda en Palacio la nodriza del Delfín, Madame Poitrine. Desde esta torre, que parece más bien un faro, los visitantes a la aldea salían a dar un paseo en barca o tiraban la caña para pasar un día de pesca.

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Enfrente de la Torre de Marlborough, en la orilla del agua, se sitúa un Molino. Esta Aldea trataba de proporcionar alimento a la Corte de Versalles y de aparentar cierta viveza y esa es la razón de que las casas tuvieran sus huertos y este Molino funcionase moliendo pan con la rueda o realizando labores de lavadero de ropa.  P1260067

El paisaje es absolutamente maravilloso: el molino, el faro, las chozas, los cisnes en el Gran Lago… y aunque esté reconstruido la imagen que debió fomentar María Antonieta pudiera parecerse mucho a ésta.

La Torre de Marlborough (o de Mambrú) se comunicaba por el interior mediante una pequeña galería con la Lechería. Existían dos lecherías, la Lechería de Preparación, en la que se obtenía y se desnataba la leche o se batía la mantequilla (que está destruida, como tantas otras cosas en el Dominio) y la Lechería de Degustación. P1260070 En ésta, la Reina probaba los productos lácteos obtenidos de primera mano. La mesa de mármol blanco de la lechería, reconstruida en época de Napoleón, aún se encuentra en su interior.

La Reina no sólo probaba la leche o la mantequilla en la Aldea. También frutas y hortalizas. Tenía varias familias trabajando en las chozas de la Aldea (otras eran de su uso exclusivo) y allí se sembraba y recogía en los huertos y lo obtenido podía ir a la cocina de palacio. En la actualidad, estos jardines están cubiertos de flores y verduras que le dan un aspecto todavía más encantador a la Aldea. También descubrimos vides en otra parte…

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Por supuesto, la leche y las verduras y hortalizas no eran las únicas fuentes de alimento en la Aldea. Existía una granja en la que se criaban animales traídos de Suiza por indicación de María Antonieta: vacas, toros, terneros, cabras…

P1260075Ahora se le unen cerdos, gallinas, caballos, patos, palomas y un largo etcétera que hacen de la visita a la granja uno de los mejores momentos del día.

La Granja está permanentemente atendida, en este caso por la asociación Assistance aux animaux, que mantiene tanto a los animales como a los propios edificios

P1260078En el Gran Lago también es visible la impresionante Casa de la Reina, la única con tejas como tejado y que estaba delicadamente amueblada en su interior. Se comunicaba en las cercanías con un billar, un Camarín, un Granero que servía de sala de baile y otros muchos caprichos reales. Desde su balconada, la Reina podía controlar todo lo que sucedía en su Aldea. P1260068

Salimos de la Aldea de vuelta al Petit Trianon. Nos esperan unas cuantas sorpresas más, pero antes de llegar a ellas quedamos encantados del paseo por el jardín ingles, por los ambientes que se crean, por los árboles enormes que lo cubren (algunos de ellos con muérdago), con los colores de las muchas flores que lo tapizan y con lo conseguida que es la restauración y reproducción del plan de María Antonieta.

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Damos con la Orangerie de Jussieu. Bernard de Jussieu fue un valorado botánico francés del siglo XVIII encargado de disponer el Jardín Botánico que Luis XV había encargado. Se hicieron construir grandes invernaderos y se plantaron especies exóticas para su aclimatación… Como ya se ha comentado, este jardín desapareció con motivo del capricho de María Antonieta por tener un Jardín Inglés por lo que la gran Secuoya de la foto y el edificio de la Orangerie (que está cerrado) son los últimos restos de aquel sueño que terminó en el Jardin des Plantes de Paris.

P1260085Seguimos la verja que cierra la Orangerie y encontramos un edificio sobrio en el exterior, con dos columnas jónicas y un frontón queP1260083 invitan a pasar a conocer el Teatro de la Reina. Pues sí, aunque Versalles contara con una ópera enorme y espectacular a nuestra María Antonieta se le antojó tener su propio teatro en el que no sólo asistir a los últimos estrenos sino participar ella misma como actriz en ellos. Cuando vivía en Viena, la futura reina recibió clases de teatro en francés (para perfeccionar el idioma) y desde aquel momento le ganó la afición y pidió al arquitecto Miqué la construcción de este bonito teatro que se inauguró en 1780.

Aquí se dieron numerosas representaciones. En algunas participó directamente la reina, en otras estuvo de espectadora privilegiada. Algunas se hicieron en honor de personalidades, como el Emperador José II o el Zarevich, el hijo de Catalina la Grande. El 15 de septiembre de 1785 la Reina hizo su última actuación: en el mismísimo Barbero de Sevilla.

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La visita al Dominio de María Antonieta finaliza al llegar de nuevo al Petit Trianon. Pero lo hacemos por el lado contrario al que accedimos y por ello podemos observar a placer lo que queda del Jardín de estilo francés que mandó construir Luis XV. Un jardín que se caracteriza por las líneas geométricas y simétricas que contrasta con esas mismas intenciones en el naciente estilo neoclásico del Petit Trianon.

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La Reina María Antonieta fue la única persona que impuso, más allá de Luis XIV y Luis XV, su estilo en Versalles. Un estilo propio muy influenciado por las costumbres de la misma nobleza de la que ella misma provenía.

Su Dominio ejerce un hechizo especial: aquí escapaba del boato y la rectitud de la corte francesa para hallar tranquilidad y sosiego. Pero lo que encontraba era, precisamente, una versión edulcorada de ese mismo estilo de vida, aquel que llevaría a María Antonieta, a su marido Luis XVI y al Delfín a la muerte en la guillotina. Atrás quedarían los lujosos sueños de una Reina cuya figura genera un interés inusitado en la época. Paseando por su maravilloso Dominio, no es de extrañar.