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15 de julio de 2011

El bosque fósil de Verdeña

clip_image002Visto así, tal cual en el campo, no parece que sea nada más que las formas al más puro azar que forma la arenisca de esta pared vertical cercana al municipio de Verdeña, en Palencia. Hay que tener los ojos muy entrenados para poder interpretar que lo que estamos viendo no es sino el rastro, la huella de una catástrofe que sucedió hace millones de años. Y sus víctimas, al menos aquellas de las que hay pistas, fueron los árboles de un bosque del Carbonífero.

clip_image004Hace 300 millones de años un bosque de Sigillarias y Cordaites situado cerca de un delta fue, literalmente, arrasado por una fuerte y repentina inundación que arrancó los troncos de los árboles que allí crecían, dejando huérfanos los tocones con las raíces, algunos de árboles realmente longevos.

Se trataba de una comunidad floreciente, una zona costera con condiciones suficientes como para albergar ambientes lacustres, bosques de zona húmeda y playas.

Estamos en el Carbonífero, en plena Era Paleozoica, origen de las masas de petróleo y carbón que nuestra derrochadora sociedad necesita ahora como el comer. Es un periodo con una concentración especialmente alta de Oxígeno en la atmósfera (sobre el 35%, según wikipedia) lo que favoreció el crecimiento sostenido tanto en superficie como en altura de numerosas especies de helechos arborescentes y primitivas gimnospermas. Entre ellos destacan, entre los primeros, los Lepidodendron y las Sigillaria; entre los segundos, las especies del género Cordaites.

clip_image006Y ambas especies, Cordaites y Sigillaria están presentes en nuestro bosque cercano a la playa, ese bosque que hace fue arrasado hace 305 millones de años consecuencia de un fuerte movimiento sísmico (algo tendría que ver la falla tectónica sobre la que se encontraba) que hundió la zona costera sobre la que se asentaba. Y es que el Carbonífero es un periodo muy activo en muchas cosas, en la activa colonización de insectos y anfibios de la tierra firme (las famosas libélulas gigantes pululaban entre bosques como el nuestro) pero también activa desde el punto de vista tectónico pues aquí se fraguó el supercontinente Pangea a partir de la llamada Orogenia Hercínica. Por cierto, no faltaron grandes glaciaciones que cubrieron gran parte del megacontinente…

clip_image008Y mientras tanto, en este apartado lugar de uno de los continentes que luego formarían Pangea, nuestro bosque fue arrasado por el mar. Cuando el tiempo pasó, todo volvió más o menos a la normalidad y un nuevo delta ocupó el antiguo y nuevos bosques crecieron sobre los restos de los arrancados por el seísmo.

Los restos de estos nuevos bosques (de las mismas especies que antes) asentados año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio en las someras y tranquilas aguas de zonas lacustres cercanas al delta conformarían en el futuro que es hoy los depósitos de carbón que un buen día serían explotados a cielo abierto en un monte al oeste de Verdeña (Palencia).

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Y desde allí salimos a la búsqueda del bosque fósil por una senda no demasiado bien identificada (únicamente en el panel inicial) de apenas 3 kilómetros pero, eso sí, atravesando paisajes asombrosos. El recorrido se hace en poco menos de una hora y media y es muy cómodo.

Se comienza atravesando el pueblo (intuitivamente, la verdad, pues como ya digo la señalización es pobre). Se cruza hacia el oeste, pasando por bonitas casas de piedra y una fuente antigua para terminar recorriendo un antiguo canal de agua bajo la sombra de los árboles de la zona. Detrás comienza a vislumbrarse una vista realmente bonita, acrecentada por la espléndida primavera que hemos vivido en 2011.clip_image016clip_image018

Un bosquete de melojos jóvenes acoge un sotobosque herbáceo bastante extendido en el que destaca algún Arum maculatum, algún Polygonatum odoratum e incluso alguna Fresa espontánea entre un verdor aprovechado por las preciosas babosas negras del género Arion tan características de los parajes del norte peninsular. clip_image012

clip_image014También hay flores espléndidas, no sólo las amarillas de las matas de piornos o las rosadas de los brezos (muy probablemente, Daboecia cantabrica), sino también preciosos narcisos y orquídeas de varias especies, todos ellos enmarcados en un paisaje espectacular.

clip_image020Y entonces llegamos al bosque fósil y, a pesar de haberlo leído anteriormente, nos quedamos sorprendidos al encontrar una pared vertical repleta de grietas. El bosque es vertical y no es un concepto fácil de asimilar… en aquella explotación a cielo abierto se retiró una capa de carbón y apareció esta pared de arenisca vertical y, milagro, se conservó y ahora está expuesta a los interesados.

clip_image022Por cierto, los paneles informativos que informan sobre el yacimiento están en un estado deplorable. Sé que estamos en plena crisis económica y que el dinero se debe dedicar a aspectos más importantes que un yacimiento en medio de ninguna parte, pero la impresión es pésima. No lo es tanto tratar de interpretar la pared, lo que rápidamente se convierte en un reto.

clip_image024La capa de carbón ocultaba un suelo de vegetación fósil que en su momento ocuparon troncos caídos y tocones con raíces abandonados. Estas estructuras pasaron a convertirse en marcas estrelladas (los tocones) y en marcas longitudinales (los troncos) que hay que buscar entre el sinnúmero de grietas de la pared. Como comentaba anteriormente, pertenecieron a dos géneros de plantas bien diferentes.

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En primer lugar tenemos a las Sigillaria (a la izquierda), pertenecientes al grupo de los licófitos, criptógamas de los que hoy en día quedan fósiles vivientes como las Selaginellas, el Isoetes o un grupo amplio de licopodiales (todas ellas, en cualquier caso, de porte herbáceo, muy alejadas de las altísimas Sigillarias que poblaban los bosques del Carbonífero tardío (de 20 a 30 metros de altura se les calcula).

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Entre las Sigillarias encontramos Cordaites, (a la derecha) mucho más parecidas a las coníferas actuales. Ambas especies de plantas (que no árboles entendidos como los actuales) dejaron las huellas de sus sistemas radiculares en las marcas en estrella más visibles en el muro.

Estos sistemas de raíces (llamadas Stigmarias) son muy típicos de los bosques de licopodios del Carbonífero y consisten en una serie de raíces principales (las Stigmarias) que se van bifurcando progresivamente y en las que se insertan unas estructuras denominadas “raicillas”.

clip_image026Algunos expertos identifican dos generaciones de tocones en función del tamaño de las marcas estrelladas. De hecho, han identificado una mayor proporción de marcas pequeñas, que denotarían plantas jóvenes en crecimiento y competición por el sol, frente a otras grietas mucho más grandes que pertenecerían a una generación mucho mayor de plantas y cuyo tamaño impediría a los jóvenes salirse con la suya (y por eso los jóvenes están más desperdigados y los tocones grandes más ordenados).

P1260855 Otra teoría indica que los jóvenes crecieron cuando los mayores ya habían muerto y ocupaban el espacio disponible que dejarían las enormes raíces de éstos (que podían llegar a medir hasta 5 metros de diámetro).

Entre las marcas en estrella llaman la atención las huellas longitudinales de troncos, presuntamente segados por la catástrofe que arrasó el bosque (y dispuestos en su misma dirección). Hay incluso un tronco con una rama en la que es, se supone, más fácilmente visible esta dirección de arrastre.

Dejamos atrás la pared fósil para reencontrarnos con la belleza del paisaje actual con vistas maravillosas como las del Mirador de La Pernía desde el que se pueden ver en días claros las cimas más elevadas del macizo central de los Picos de Europa. Los renacuajos de sapo en las charcas, el colorido mixto de los brezales, las hojas verdes y tiernas de los melojos y las estructuras calizas que afloran en los campos no son sino la esencia de la Montaña Palentina, que tantas y tan curiosas cosas puede ofrecer.

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29 de septiembre de 2008

La Cueva de los Enebralejos

cuevavis2En la Cueva de los Enebralejos, en Prádena (Segovia) está prohibido hacer fotos. Ni siquiera las de http://www.cuevadelosenebralejos.es/ están accesibles. El problema fundamental es el derecho de imagen, más allá de los posibles efectos que la luz de los flashes pueda generar en los compuestos químicos cuyas reacciones proporcionan tan espectaculares efectos.

Están en su derecho, por supuesto, pero poco ganan cerrando tanto el abanico de posibilidades de promoción de la preciosa Cueva segoviana, parte de un karst extenso que cubre gran parte de la comarca y donde se ubican más cuevas como ésta. Ahora bien, ninguna tan espectacular como la de los Enebralejos. Por ello, la mayor parte de las fotos pertenecen a una visita virtual presente en la web http://intersierra.com/pradena/htmls/visita_cueva/indice.htm donde se muestra un pequeño aperitivo de lo que representa la Cueva de los Enebralejos.

Quizá sea necesario comentar algo del nombre. En esta parte de la estepa castellana es frecuente la Sabina (Juniperus phoenicea) por razones obvias: resistente a fríos invernales rigurosos y calores estivales implacables. Mientras que en el resto de la península se utiliza para nombrarlas el término Sabina, en esta zona se han denominado tradicionalmente enebros, como sus hermanos de género, y de ahí un buen número de topónimos referidos a esta cupresácea.

La cueva no tiene una entrada clara, o por lo menos aún no se ha encontrado. La actual parte de un pequeño Centro de Interpretación hecho al efecto. Da una información muy justa, pero la suficiente por ejemplo para los muchos escolares que aparentemente descienden por la ruta turística de la Cueva. Allá vamos nosotros también, con una guía bastante buena que, a la primera intención de comparar alguna de las formaciones con una figura conocida (Vg. El Belén, arriba), enseguida se corrige y comienza a hablar de los múltiples colores que resultan de la descomposición química de cada mineral.z_cueva_plano

La Cueva es espectacular, como cabría esperar. El recorrido turístico no es sino una pequeña parte de las tres galerías de las que se compone la oquedad. Una superior, una inferior y la media por la que se mueve el grupo, por un pasillo ganado a la histórica acumulación de sedimientos entre estrechos pasajes rodeados de estalactitas y estalagmitas.

La Cueva no es sino el recuerdo del paso del agua por esta zona desde hace millones de años, allá por el Cretácico, circulando a través de la roca caliza y provocando la apertura de grandes oquedades a medida que se iba disolviendo el carbonato cálcico, componente principal de la roca caliza. Cuando la circulación del agua desapareció, estos conductos abiertos se vieron limitados al goteo incesante del agua que se filtraba desde la superficie y a la permanencia de un río subterráneo claramente estacional.

cuevavis7Ese goteo es el que ha creado, gracias al paso del tiempo, las impresionantes formaciones geológicas que se pueden ver en la Cueva de los Enebralejos. La precipitación del carbonato cálcico lleva a formar estalactitas en los techos a partir de canales centrales abiertos por los que lentamente cae la gota de agua. Ésta, en su discurrir, deja como remanente el precipitado de la sal (con algún mineral que otro que la colora) formando la Estalactita.

Cuando cae al suelo, el precipitado del carbonato se acumula de forma más grosera, ya sin canalización central que guíe, formando la Estalagmita. En algunas ocasiones, ambas estructuras terminan uniéndose, como sucede en las dos espectaculares columnas que se pueden ver en la Cueva. En origen eran cuatro, dos desaparecieron hace tiempo, al igual que las estalactitas cortadas con motosierra por algún energúmeno en un momento más cercano.

La punta de las estalactitas suele ser de color blanquecino debido a la calcita, el principal mineral de dichas formaciones, originado en el marco del carbonato cálcico de la roca caliza. Son las impurezas las que dan el color a las formaciones de la cueva. El lodo y la arcilla, tan frecuentes, dan tonalidades rojizas o marrones.

cuevavis3Pero hay más impurezas coloridas: el zinc da color negro; el manganeso da negro, gris azulado o gris; el azufre o el níquel proporcionan el amarillo y el hierro el característico color rojo oxidado. Un lugar perfecto para deslumbrarse con esta cacofonía de colores y tonalidades es la llamada Pared de los colores, cascada estalagmítica de concreciones calcáreas multicolor sólo a la vista de un foco que la guía enciende brevemente y como colofón de la visita. A la vista de lo recogido en la Guía de la Cueva de los Enebralejos, queda mucho por ver dentro de la Cueva, en particular siguiendo el curso del río subterráneo que desemboca en Prádena. En particular una magnífica formación de estalactitas denominada Lámpara, que deja boquiabierto incluso en foto.

cuevaviszPero la Cueva de los Enebralejos aún guarda algunos secretos. Bajo sus techos plagados de pequeñas estalactitas y macarrones de carbonato cálcico se encuentran huellas del paso de los primeros Homo sapiens que poblaron la zona. No vivieron en la cueva, como se pudiera imaginar. En realidad se han hallado restos de campamentos en la zona superior de la Cueva, dejando ésta para una finalidad meramente funeraria. El rito de enterramiento parece sencillo. 

Estos antiguos hombres dejaban a sus fallecidos en una parte concreta de la Cueva, dejando que la humedad reinante descompusiera sus cuerpos con celeridad. Cerca, el correspondiente ajuar funerario, basado sobre todo en las habituales cerámicas. Los huesos más grandes que quedaban del proceso se recogían y enterraban en un lugar más profundo de la cueva, más inaccesible. Cuanto más en el interior, de mayor prestigio jerárquico era el difunto, dado que se han hallado como parte del ajuar restos de piezas de cobre, mientras que en los ajuares de enterramientos más cercanos a la superficie sólo se presentan vasijas y huesos de animales.

imageDe hecho, éste tránsito también da nombre a las Salas de la Cueva: de la Sala de la Putrefacción se pasa a la Sala de los Pozos, donde eran enterrados los individuos menos sobresalientes de la tribu, eso sí, entre una sobrecogedora colección de estalactitas y estalagmitas. Esta gente conocía la metalurgia del Cobre, tal y como queda patente por los mencionados ajuares de metal hallados un poco más adelante, en una Sala en la que sobresalen por encima de los enterramientos una serie de grabados enmarañados, superpuestos unos sobre otros, confusos como mínimo. Su ubicación en esa sala podría suponer una relación directa con algún rito funerario, dada la cercanía a los difuntos sepultados aquí.

Poco antes de esta sala se halla otro ejemplo de arte rupestre, meramente esquemático, y en el que se logran distinguir al menos una figura antropomorfa y otra de un ciervo, en medio de una supuesta escena de caza casi desaparecida por la humedad. El color que se utilizó para elaborarlos fue el negro. 

cuevas1_400En definitiva, la Cueva de los Enebralejos fue utilizada como necrópolis durante el Calcolítico, entre los años 2000 y 1800 a.C. formando parte de un importante asentamiento de las primeras fases de la Edad del Bronce.

Y esto, unido a la indudable belleza del conjunto, hace de la visita a la Cueva de los Enebralejos un placer que se disfruta en cada momento del paseo por entre estalactitas, estalagmitas y columnas.

Por encima de la Cueva se ha desarrollado un Campamento de la Edad del Bronce en el que los guías de la Cueva realizan talleres de tela, de artesanía o de caza para alegría del visitante interesado.

8 de marzo de 2008

Myotragus balearicus

El Dodo, la Vaca Marina de Steller, la Paloma Migratoria Americana, el Lobo de Tasmania... ejemplos clásicos y emblemáticos de especies extinguidas en los últimos siglos por el hombre.

En casi todos los casos, la historia de cada una de estas especies extintas se mezcla con leyendas o anécdotas. Más muerto que un dodo, dice el refrán inglés. Y con razón. De algunas de estas especies se guardan no sólo algunos restos perdidos en Museos; existen fotografías o incluso vídeos: sobre el Tilacino o lobo de Tasmania por ejemplo en Fogonazos (http://fogonazos.blogspot.com/2007/04/el-ltimo-tilacino.html). Para fotografías o dibujos, por ej. http://textosrobados.blogspot.com/2008/01/animales-que-fueron-extinguidos-por-el.html.

Pero no todos los animales extinguidos por el hombre lo han sido en los últimos siglos. Existen teorías bastante bien refutadas de la desaparición a gran escala de mamíferos gigantes americanos (como el Perezoso Gigante) influidas directamente por la aparición del ser humano. El gran pájaro Moa de Nueva Zelanda sería otro ejemplo.

Curiosamente, tenemos un ejemplo muy cerca que no se suele mencionar, incluso por parte de científicos o periodistas especializados españoles. Se trata de la Cabra-rata balear (Myotragus balearicus). Existen esqueletos completos de esta cabra que se extingúió pocos miles de años antes de nuestra era. Al menos uno en el Museo Arqueológico Nacional y otro, el de la foto adjunta, en el Museo de Mallorca.

Éste Museo mezcla lo antiguo con lo moderno, entiendo que debido a aportaciones puntuales de recursos económicos. Sin duda alguna, lo mejor del Museo son las figuras de guerreros Talayóticos en bronce, de gran tamaño y espléndidamente mostradas. Y sin embargo, de la Cabra balear casi no se hace mención, a pesar de ser un representante endémico de la fauna balear extinta.

Aprovechándome de Wikipedia, Myotragus balearicus (en griego, "cabra-rata de las Baleares") es una especie de la subfamilia Caprinae que habitaba en las islas de Mallorca y Menorca hasta su extinción hace unos 5000 años. Aunque siempre se la ha descrito como una extraña cabra, los últimos análisis genéticos realizados en la Universidad Pompeu Fabra indican que Myotragus estaba más estrechamente emparentado con las ovejas.

Esta pequeña cabra, de visión estereoscópica (ambos ojos miraban hacia delante) y eminentemente ramoneadora, campaba a sus anchas por las Islas, dado que aparentemente no contaba con depredadores de gran porte que las amenzaran (quizá algún ave de presa). De pequeño tamaño (sobre 50 centímetros como máximo), Myotragus compartió las Islas con otros mamíferos gigantes para lo que ahora conocemos: el lirón gigante Hypnomis y una musaraña gigante (Nesiotites). Se menciona también el conejo gigante menorquín, que desapareció durante el Mesiniense, cuando el Mediterráneo se secó y Myotragus accedió a esta isla.

Wikipedia lo cuenta de forma ejemplar: Los caracteres únicos de Myotragus balearicus son consecuencia de un prolongado proceso de evolución en condiciones de insularidad. En este tipo de aislamiento, los ungulados tienden a hacerse más pequeños (roedores y lagomorfos, por el contrario, aumentan de tamaño, como le ocurrió a Hypnomis, el lirón gigante que compartía hábitat con Myotragus) y perder facultades de reacción frente a unos depredadores que son escasos o simplemente no existen.

Un claro ejemplo de esto son la pérdida de capacidad para correr a gran velocidad de las patas, la visión estereoscópica (útil para calcular distancias, pero no para descubrir enemigos al acecho) y la reducción proporcional del cerebro.

Aún existe cierta controversia respecto de las caúsas últimas de extinción de la Cabra rata balear. La tésis antrópica es la que más adeptos tiene. Los primeros pobladores de las Islas Baleares serían los portadores de la cultura pre-talayótica (3000-1400 adC). En estas fechas se suele situar la extinción de la cabra balear y de los lirones y musarañas gigantes.

Los pre-talayoticos tenían una cultura neolítica, aunque seguían viviendo en cuevas. En éstas se han encontrado enormes cantidades de restos óseos de animales, especialmente Myotragus, con señales evidentes de haber sido descuartizados y consumidos por humanos. (ejemplos de ello, en la fotografía superior, restos de Myotragus hallados en Cuevas de la Cultura Pre-talayótica).

Hay indicios de que muchos de estas cabras fueron mantenidos en las cuevas cierto tiempo así como evidencias de recortes y cicatrizaciones en sus cuernos, lo que se relaciona con un intento de domesticación avocado al fracaso pues en las cuevas sólo hay restos de ejemplares adultos (no consiguieron su reproducción).

La caza abusiva, el fracaso de la domesticación y la introducción de otros animales domésticos como cabras y ovejas (competencia y aclaramiento de bosques para su alimentación) o perros y cerdos que las depredasen serían las causas que llevaron probablemente a esta cabra enana ramoneadora a la extinción.

Científicos de la Universidad de las Islas han llegado a la conclusión recientemente de que un cambio climático localizado en el ámbito meditaerráneo provocó el inicio del fin, siendo el hombre del neolítico quien dió la puntilla en sus últimos años a esta curiosa especie que viene a unirse al club de los perjudicados por la presencia del ser humano.

25 de septiembre de 2007

Las pinturas rupestres de Peña Escrita

Debió ser un momento de perplejidad y asombro. Es 1783 y el cura párroco de Montoro, cerca de donde estamos, en Fuencaliente (Ciudad Real), descubre las primeras pinturas rupestres conocidas a nivel mundial. En medio de La Mancha nada menos, en lo alto de Sierra Madrona, muy cerca del Valle de Alcudia, en un lugar llamado Peña Escrita.

Y la sorpresa debió ser de aúpa. Extrañas figuras antropomorfas, algunos raros animales y formas que no se asemejaban a nada conocido.

Si he de ser sincero, desde la primera vez que las vi, niño aun, me han parecido un excepcional conjunto de representación de seres casi extraterrestres junto con formas muy parecidas a mantis religiosas (deformación profesional, debe ser). Así que entiendo bien a aquel cura del XVIII descubridor de las pinturas. Afortunadamente, hoy existen unos paneles explicativos que lo explican mucho mejor.

Existen en la zona numerosas muestras de arte rupestre, pero las de Peña Escrita son las mejor conservadas, tanto los pigmentos como las propias formas. Es cierto que algunos enfermos mentales han realizado pintadas en la roca principal, pero la disposición de una reja termina por ser efectiva y las pinturas se mantienen perfectamente.

El paisaje que se ve desde la peña es precioso en cualquier época. Encinares adehesados se mezclan con formaciones arbóreas y cultivos antropicos como olivares y pinares resineros. Algunos melojares se atisban en las zonas de mayor umbría. En la subida a las pinturas, en ladera de solana, habitan algunos madroños de porte casi arbóreo junto con algunos mirtos y brezos, en una curiosa unión de elementos vegetales típicamente termofilos y algunos taxones de climas menos mediterráneos. Lo sorprendente es que solo un 4% de estos bosques son autóctonos, un resultado muy pobre, si.

En Peña Escrita se localizan 104 figuras repartidas en 8 paneles. Predominan las figuras humanas, solas o en pareja, además de algunas formas animales, soles y elementos menos distinguibles.

Hay figuras humanas masculinas y femeninas. Entre las primeras, algunas con falos muy evidentes. Entre las segundas, hay algunas figuras femeninas de parto que resultan ser las mas llamativas.

Uno de los paneles mas impresionantes es el llamado "Pared de las paridoras" en el que aparecen numerosas figuras femeninas agachadas, en posición de dar a luz. También hay figuras de hombres y mujeres aislados, símbolos solares y elementos ramiformes.

En total, 27 figuras que, apretadas, representan una espectacular muestra de arte probablemente de la edad de bronce.

Aparecen también figuras tectiformes, de difícil interpretación. En algún caso, cuando las líneas verticales van hacia abajo se pueden interpretar como humildes peines. En otros casos las lineas verticales se dirigen hacia arriba, interpretandose como animales muertos en una escena mas amplia.

Estas paredes pintadas pudieron servir como espacios en los que realizar rituales religiosos, funerarios o de fertilidad. Los simbolos solares, las mujeres de parto o las formas posiblemente parecidas a espigas refrendan esta teoría.

Las pinturas de Peña Escrita no son las unicas de la zona. Existe una ruta por esta parte de Ciudad Real en la que se visitan numerosos yacimientos de arte rupestre similares pero en peor estado de conservación. Uno de ellos es de "La Batanera", en el espacio llamado de las lastras, cerca de Peña Escrita, a 780 metros de altura y enmarcada en un paisaje encantador con una cascada del rio Cerceda como elemento protagonista.

Este yacimiento esta rodeado por un bosque ripario de alisos, algo inhabitual en La Mancha. Las figuras se encuentran dispersas en tres conjuntos alejados entre si.

Dos figuras antropomorfas femeninas con el sexo muy marcado llaman inmediatamente la atención. Son las mejor conservadas. El resto, apenas visibles, se pueden identificar gracias a los paneles. Destaca sobre todo una representacion posiblemente solar de cuatro circulos concentricos que forman parte de una escena con figuras antropomorfas.

Estas pinturas esquematicas, habituales del periodo calcolitico de transición hacia la edad del bronce, son una de las maifestaciones mas hermosas de arte prehistórico de la peninsula, siendo declaradas Monumento Nacional protegido en 1924, tal y como recuerda un curioso aviso en el yacimiento de "Las Bataneras".


6 de septiembre de 2007

Visita al MUJA

Ésta es la reproducción de un esqueleto de un Terópodo, posiblemente Deinonychus, ubicado en la Sala del Jurásico de, precisamente, el Museo del Jurásico de Asturias (MUJA).

El significado de terópodo es "pié de bestia", lo que cuadra de forma bastante explícita con los dinosaurios carnívoros a los que define. Este grupo de saurisquios apareció a finales del Triásico y se extinguió en su mayoría en el Cretácico. Sobrevivió un pequeño grupo: las aves actuales.


Se trata de dinosaurios de una agilidad extraordinaria, dotados de fuertes garras en manos y pies y que debieron representar la cumbre de la cadena ecológica de la Era Secundaria, al menos en el ámbito terrestre. Presentan adaptaciones interesantes para tal fin:

- Las comentadas garras en pies y manos, fuertes y afiladas. (La garra más grande es la del Megaraptor o Garra Gigante, de 30 cm de largo).

- Una cola rígida que les servía para contrarestar el peso de la parte anterior del cuerpo,ejerciendo casi de timón para equilibrar el movimiento.

- Visión frontal, una especilización específica para cazar de forma más efectiva.

- Cuello con una notable curvatura en "S", para situar la cabeza por encima de los hombros y mejorar la visibilidad sobre las presas.

- El segundo dedo del pie no tocaba el suelo (es, precisamente, el portador de la garra inferior), el primero nunca. Aspectos que, entre otros como el íleo largo, posibilitan que sus zancadas fueran muy grandes.

- Articulación intramandibular que les permitía, como a las actuales serpientes, abrir ampliamente la boca.

Estos detalles, mucho mejor explicados, se exponen en el propio MUJA delante de la réplica de Deinonychus. El Museo del Jurásico Asturiano no es sólo una espléndida colección de reproducciones de piezas paleontológicas famosas o llamativas. Tampoco es una atracción especialmente dedicada a los niños. Ni un museo dedicado a la exposición rigurosa de colecciones. Y sin embargo es todo ello.

Es un Museo espectacular. Está situado en Colunga (Asturias) aprovechando el "tirón" de la abundancia de yacimientos del Jurásico que se hallan en su costa. Yacimientos especialmente de icnitas fósiles, pero también de interesantes piezas que se shan encontrado y se siguen encontrando por los paleontólogos dedicados a ello.

Sorprende, para empezar, la forma y estructura del propio museo. Es la planta de una huella tridáctila, típica de terópodos y ornitópodos, tan frecuente en los yacimientos cercanos. Esta huella está dividida en Eras, mostrando en cada una de ellas algunas caracterísiticas de los dinosaurios y los hábitats en los que éstos vivieron.

Antes de la entrada, hay numerosas reproducciones de dinosaurios de algunos grupos. Un Diploducus (Sauropodomorfo), un Allosaurus (Terópodo), un Camptosaurus (Ornitópodo) y un Dacentrurus (un Tireóforo, en la foto). Las reproducciones son espectaculares y aparte de aprovecharse para hacer fotos también sirven de introducción para lo que se va a ver en el interior del museo.

Y es que en el interior, aunque no falta algún dinosaurio "completo", la mayor parte de la exposición se basa en réplicas de esqueletos de los mismos. Por eso los dinosaurios de la parte exterior dan una imagen más cercana a lo que el aficionado medio espera.

El interior del museo es impresionante. Una construcción en madera que, aprovechando los claroscuros de la iluminación provoca una sensación de entrada en algo único, hecho para sorprender. Y la verdad es que no defrauda.

La planta con forma de huella tridáctila divide cada dedo en una Era. Después de una breve introducción al premesozoico (con estromatolitos incluidos), comienza el asombro con la Sala del Triásico, periodo en el que aparecieron los dinosaurios hace 250 millones de años.

La disposición de las salas suele ser similar. La reproducción de una escena, individuo o situación a gran escala, con elementos réplicas de esqueletos y una imagen de fondo con el probable escenario real. Alrededor, otras piezas y los detalles de cada Era o apartado.

En el caso del Triásico, una reproducción del yacimiento alemán de Trossingen en el que numerosos Plateosaurus, un prosaurópodo antiguo y bien conocido, quedaron atrapados en una trampa de barro. En derredor, muestras acerca de la biológia de los dinosaurios y la tipología de fósiles que se pueden hallar de los mismos (icnitas, coprolitos, gastrolitos, etc.). Además, utilizando una réplica de un Lystrosaurus, se muestra cómo el hallazgo de fósiles contribuyó a la explicación de la teoría de la deriva continental.

La sala se complementa con idealizaciones del aspecto de los dinosaurios que imaginaron los primeros investigadores del XIX (destaca la del Iguanodon, claro) y una comparativa entre Herrerasaurus -que dan lugar a los dinosaurios y en último caso a las aves actuales- y Prestosuchus -otra línea que daría lugar a los cocodrilos-.

La Sala del Jurásico, la época de esplendor de este tipo de animales entre 200 y 140 millones de años, comienza con un impresionante panel de las huellas de la Playa de la Griega, en Colunga, tal y como un Saurópodo del Jurásico debió dejarlas. Un Saurópodo, posiblemente un Camarasaurus, cuya réplica esquelética protagoniza este segundo pié de la huella, al menos desde el piso inferior, ya que el superior es el dedicado propiamente a la clasificación y relaciones de parentesco entre los linajes de dinosaurios.

En esta sala se dedican paneles y reproducciones de piezas famosas a cada grupo de dinosaurios, explicando los rasgos más característicos de cada familia. A esta sala pertenecen las deficiones y las fotos del inicio de esta entrada, las de Deinonychus. Además, se expone un enorme Brachiosaurus, para explicar los aspectos anatómicos fundamentales de los Saurópodos así como réplicas de cráneos de Triceratops (entre los Marginocéfalos) o Anquilosaurus (para los Tireóforos).

Réplicas de fósiles marinos del yacimiento de Holzmalden (impresionantes el crinoideo y el ictiosaurio) dan paso a la Sala del Cretácico.

De camino, hay un apartado dedicado al comportamiento de los dinosaurios. El del cuidado de los pollos es particularmente interesante, como el de comunicación mediante sonidos y colores o pigmentaciones. La recreación de patrones pigmentarios asociados a posibles mensajes comportamentales en Chasmosaurus, si bien es un ejercicio de imaginación parece tener trazas de verosimilitud.

En la Sala del Cretácico, la recreación de una escena de cortejo de Tyrannosaurus sorprende sustancialmente. El MUJA es el único museo europeo en mostrar un ejemplo de comportamiento sexual tan impresionante e inesperado.



Esta Sala se ve acompañada por espacios expositivos dedicados al tránsito hacia las aves actuales de algunos Terópodos y otros a aquellos grupos animales que desaparecieron hace 65 millones de años con el fin del Cretácico y la Era Secundaria o Mesozoico.

Las teorias más aceptadas siguen siendo las del meteorito complementadas con las de la ingente y localizada cantidad de erupciones volcánicas. Existen otras, algunas realmente chocantes, que se exponen incluso con hilaridad.


Existe una sala dedicada al postmesozoico, Terciario y Cuaternario, con menciones al Hombre de Atapuerca e incluso con la reproducción de un cráneo de Oso Cavernario. El protagonismo de esta sala se lo lleva, sin embargo, un pequeño precursor del caballo encontrado en Llamaquique, es Cantabrotherium truyolsi.

En la planta baja del Museo se ubica el apartado dedicado al Jurásico asturiano. Tiene dos partes bien diferenciadas. La primera está dedicada a las Formaciones geológicas a distinguir en la propia costa asturiana en función de la época del Jurásico a la que se refieren (GIjón, Rodiles, etc). Aquí se presentan numerosas piezas de interés geológico relacionadas con cada época además de algunos fósiles representativos de las mismas.

La segunda parte es la más interesante, al menos para nosotros. La mejor colección de fósiles del Jurásico en España lo tiene el MUJA, cuyo origen son los impresionantes yacimientos de la costa cercana. Existen numerosos fósiles, pero la estrella es la colección de icnitas fósiles.

Destaca una de Saurópodo en la que se ha fosilizado incluso la huella de la piel del animal. Pero la que más nos impactó fue el fósil de huellas de pterosaurios, los reptiles voladores que no dinosaurios, que conquistaron los cielos jurásicos.

Se trata de un bloque de arenisca en cuya base se conservan contramoldes de huellas de manos y pies de pterosaurios, algunas de las cuales han conservado impresiones de la piel, de las membranas interdigitales e incluso huellas de los picos y dientes.

Las huellas de las manos son tridáctilas y las de los pies, de cuatro dedos. Este bloque permitió proponer una teoría acerca de las posibilidades de natación o, al menos flotación, de estos reptiles alados al quedar estas huellas fósiles imprimadas en el fango de una laguna donde podrían estar solazandose o pescando.

En definitiva, la visita al MUJA no es sólo recomendable para niños, sino también para el aficionado e incluso el profesional dedicado a la paleontología. Todos ellos encontrarán la razón de la visita a lo largo de la misma.

31 de agosto de 2007

Icnitas fósiles del Jurásico asturiano

Los terrenos actuales sobre los que nos movemos tienen su origen en el pasado remoto de la Tierra. Y en ellos, de vez en cuando y debido a procesos geológicos mas o menos complejos, podemos encontrar pistas de algunos de los seres que habitaban ese pasado remoto.

La fosilización no es un proceso que aplique únicamente a exo y endoesqueletos de organismos primitivos, si bien es lo mas frecuente. En ocasiones, partes blandas como la piel y elementos semiorgánicos como los coprolitos también fosilizan. En otras ocasiones, son las huellas que dejaron estos animales las que permanecen de manera imperecedera en forma de fósil mineralizado. Y este es el caso de las huellas fósiles, las icnitas, del periodo Jurásico que han aparecido en la costa asturiana.

Con las obras de un túnel de la carretera N-632, ahora llamado Túnel del Ordovícico, se han hallado numerosos fósiles de este periodo de la Era Primaria (incluso hubo una interesante exposición en el Instituto Geominero al respecto, con una gran reproducción de un Trilobites). Una buena parte del territorio asturiano es ordovícico.

Y otra buena parte es de origen jurásico, especialmente en la costa occidental. La costa de los municipios de Colunga, Ribadesella y Villaviciosa, además de ser destino turístico de primer orden, es uno de los principales yacimientos de huellas fósiles de la península ibérica.

Los hallazgos se han venido sucediendo en los últimos años. Se han encontrado icnitas tanto en las playas más concurridas de la zona como en las bases de los acantilados de más difícil acceso. En nuestro caso, y como es de obligado cumplimiento, la visita se inició en el Museo del Jurásico Asturiano (MUJA) para continuar por algunas de las zonas más recónditas y bellas del cantábrico.

La costa asturiana presenta numerosos afloramientos rocosos del Jurásico procedentes de áreas que en su momento fueron ríos, estuarios o playas. Ahí es donde se pueden localizar las huellas de dinosaurios cuya aparición dio inicio al proyecto del MUJA. El estudio de estos afloramientos ha permitido establecer diferentes formaciones geológicas, enmarcadas todas ellas en el Jurásico, en las que ubicar los ambientes por los que se movían los dinosaurios que dejaron sus huellas fosilizadas.

Existen un total de 6 formaciones que, en orden decreciente de antigüedad, se denominan: Formación Gijón (una extensa llanura costera rica en fangos del jurásico inferior), Formación Rodiles (un mar de aguas cálidas del jurásico medio poblado por ictiosauros y plesiosauros), Formación La Ñora y Vega (una época con el mar retirado y numerosos ríos), Formación Tereñes (una costa baja y rica en fangos del Jurásico superior por la que pasearon numerosos dinosaurios) y la Formación Lastres (una zona litoral y de marisma rodeada de bosques de helechos y coníferas sobrevoladas por pterosaurios), coincidiendo el nombre de todas ellas con los municipios en los que existen mejores condiciones para su observación.

Muestras de estas formaciones aparecen en los yacimientos que, a pie de playa o de acantilado, muestran las icnitas de los seres que caminaron sobre ellas. Y no sólo eso: restos fósiles de troncos, marcas de raíces, de grietas de desecación, de caudales de ríos o huellas del batir de las olas de hace millones de años.

Pero las más sorprendentes son las huellas de dinosaurios. La forma de las icnitas depende de 4 variables: la anatomía del pie que pisó, el tipo de sustrato sobre el que pisaba, el comportamiento del animal en el momento de la pisada y las características del devenir histórico que han preservado la huella. Además, algunas huellas no se presentan como podía esperarse a priori, es decir, como depresiones en la roca, sino al revés, como bultos o prominencias. Son los contramoldes, icnitas que se manifiestan hacia arriba, por efecto de una sedimentación posterior en el tiempo que las fue cubriendo.

Pero lo más curioso es poder identificar, al menos, los grandes tipos de dinosaurios en función de sus huellas. Fundamentalmente en función del tipo y disposición de su cadera, existen dos grandes linajes de dinosaurios: Saurisquios (cadera de reptil, pubis hacia delante) y Ornitisquios (cadera de ave, pubis hacia atrás).

Los Saurisquios se dividirían en dos grupos: Sauropodomorfos (cuadrúpedos y vegetarianos como Brachiosaurus) y Terópodos (carnívoros bípedos como Tyrannosaurus).

Los Ornitisquios se dividirían a su vez en tres grupos: Tireóforos (vegetarianos cuadrúpedos como Stegosaurus), Ornitópodos (bípedos vegetarianos como Iguanodon) y Marginocéfalos (vegetarianos cuadrúpedos como Triceratops).

Pues bien, en la costa asturiana se pueden encontrar huellas tridáctilas de Terópodos y Ornitópodos y huellas de manos y pies de Saurópodos y Tireóforos cuadrúpedos.

Además, algunas de estas huellas se han conservado tan bien que han permitido incluso poder observar la piel del animal que realizó la pisada (en este caso, un saurópodo).

Son numerosos los yacimientos donde se pueden hallar icnitas fósiles en la costa asturiana. Todos ellos se concentran en los municipios de Colunga, Villaviciosa y Ribadesella. Nuestras visitas se limitaron a ubicaciones de los dos primeros municipios. En todos los casos, mereció la pena por poder observar algunos de los restos más interesantes que pueden observarse en el mundo de este tipo (aunque la visita complementaria al MUJA a posteriori ayuda a comprender mejor el valor de lo visto).

En la playa más visitada de Colunga, la Playa de la Griega, se pueden visitar las huellas fósiles más grandes del mundo, así como el mayor conjunto de icnitas de toda España. En esta preciosa playa se pueden ver pisadas de un diámetro de 1,30 metros pertenecientes a un saurópodo del género Camarasaurus. Las huellas de saurópodos, las más comunes de cuadrúpedos (muy difícil encontrar las de Tireóforos), se diferencian bien por estar separadas en dos partes: las huellas de las patas son circulares o rectangulares, mientras que las de las manos tienden a ser semilunares.

De acuerdo con las indicaciones de la guía del museo (en http://www.museojurasico.com/), “(…) al final de la playa se llega a un estrato de arenisca suavemente inclinado hacia el mar cuya superficie está atravesada por diaclasas [grietas de origen tectónico] en varias direcciones. A menos de un metro por encima hay una caliza gris que contiene diminutos fósiles de gasterópodos y diversas depresiones grandes [de hasta 1,3 metros de diámetro] redondeadas. Son icnitas de grandes dinosaurios cuadrúpedos que muestran un reborde periférico abultado. Se trata de las icnitas más grandes de España, y por sus dimensiones se las puede considerar entre las más grandes del mundo. El dinosaurio que las produjo se tenía que tratar de un ejemplar de dimensiones colosales, se trataba de un saurópodo gigantesco cuadrúpedo, cuyo peso podía oscilar en torno a las 100 toneladas. Aparte de éstas, puede observarse un rastro formado por seis huellas que corresponden también a un saurópodo de menor tamaño. “.

Las huellas de la Griega son, efectivamente, impresionantes por su tamaño y son las de acceso más sencillo. Además, la vista de la playa es espectacular y se puede complementar con la observación de unas areniscas rojas de la formación Vega, que contienen huellas de raíces verticalizadas de color verde pálido.

Intentamos acceder a las huellas tridáctilas de pequeños ornitópodos en la base de los acantilados de Lastres, en Colunga, pero la pleamar nos lo impidió en el último momento, a menos de 5 metros de la roca que presentaba el rastro. Y es que la situación de las mareas es fundamental, junto con una buena guía (nosotros nos hicimos con la Guía del Jurásico de Asturias, realizada por el equipo investigador de la zona) para poder acceder con seguridad a los yacimientos.

Mejor suerte tuvimos con las icnitas fósiles de los acantilados de Luces, también en Colunga. Se trata de unos acantilados de paisaje grandioso, con un camino sinuoso en el que el color de tojos, equisetos y brecinas contrasta con la majestuosidad del faro cercano y el color mate de las rocas entre las que los marisqueiros ilegales trataban de hacerse con moluscos y crustáceos sin permiso.

Anonadados por la vista (y por el esfuerzo), nos recreamos en las icnitas: “Cerca de allí, y un poco al este, se encuentra un bloque suelto de arenisca con dos contramoldes de huellas de dinosaurio, una tridáctila de un bípedo y otra en forma de media luna [saurópodo]. Siguiendo por la base del acantilado hacia el oeste unos 300 metros se accede a unos estratos de arenisca inclinados sobre los que se encuentran varias icnitas tridáctilas y un rastro de saurópodo, éste último bastante desgastado por la acción del mar.”. A pesar de la parquedad de la indicación, las huellas de los acantilados de Luces son muy interesantes.

El bloque suelto de arenisca es de la Formación Lastres y los dos contramoldes son excelentes. El de Saurópodo es una mano en forma de media luna de un saurópodo de tamaño medio. La otra huella, tridáctila, pertenece a un gran Terópodo, un pie izquierdo de un terópodo cuya altura de cadera debía superar los 2,7 metros.

Los rastros en arenisca gris, de la Formación Tereñes, incluyen varias icnitas tridáctilas aisladas, de terópodos de tamaño medio y pequeños ornitopodos. En un segundo estrato aparecen huellas tridáctilas de grandes terópodos y las huellas muy desgastadas por el oleaje del rastro de un saurópodo. En este yacimiento se han hallado un buen número de restos fósiles.

Otra visita que merece la pena es la de la Playa del Puerto de Tazones, en Villaviciosa. En este caso, el encanto lo aporta una villa muy reducida cuyo acceso al mar está limitado al pequeño puerto y a la minúscula playa que desaparece en pleamar. Sin embargo, la belleza del entorno es tal que se ha convertido en una referencia a nivel turístico.

Pues bien, entre las rocas de la formación Tereñes de este acantilado cercano a la playa, hay un gran bloque suelto de arenisca en el que se conservan varias icnitas, de las que sobresalen tres impresionantes huellas de grandes terópodos enmarcadas en la superficie gris del bloque, tapizada por ondulaciones producidas por el oleaje de la época.

Nos quedaron numerosas visitas por realizar, en particular a alguno de los yacimientos de Ribadesella. Pero la muestra que pudimos ver mereció la pena, tanto por las icnitas en sí como por el encanto de cada una de las ubicaciones a las mismas.