Sólo hay que dar un paseo por el Museo con el que cuenta el propio yacimiento (independiente del Museo Arqueológico de Elche o del MARQ) y uno cae enseguida en la labor realizada hasta ahora y en las sorpresas que puede deparar el futuro en un lugar en el que se han hallado restos prehistóricos, íberos, romanos, visigóticos y medievales de cierta importancia.

En la actualidad se la considera un busto íbero realizado, posiblemente,entre los siglos III al V a.C. El análisis de la pigmentación que aún cubre alguna parte junto con el análisis comparativo de alguna de las joyas y fíbulas que decoran a la Dama (que difícilmente podrían reproducir tan exactamente los artesanos estafadores de moda en aquella época) son algunas de las más evidentes pruebas a su favor. Es muy posible que la Dama de Elche sirviera como reservorio donde ubicar las cenizas de algún difunto, alguna reliquia o un objeto sagrado (dado el agujero practicado en su espalda).
El yacimiento cuenta con un foro, algunas domus, un aljibe, unas termas y otras estructuras entre las que destacan los restos de una basílica paleocristiana (construida sobre un templo íbero reconstruido al lado).
Pero algunas de las cosas más sorprendentes se ubican en el Museo cercano al yacimiento. Una de ellas, la reproducción de un Calamón (Porphyrio porphyrio) entre la decoración de uno de los mosaicos romanos de los que dispone el Museo. Se trata de un mosaico de los habitualmente dedicados a motivos acuáticos y de fauna.
En una esquina se sitúa un ave, muy posiblemente un calamón, que de acuerdo con las últimas teorías quizá fuese domesticada en época romana. Ello hace más sorprendente la situación de peligro de extinción que esta especie vivió en los años 60-70, situación que afortunadamente parece haber superado.
El Museo cuenta con una buena colección de piezas neolíticas, ibéricas y romanas. Entre las ibéricas están piezas muy conocidas como el torso del guerrero con el peto en forma de cabeza de lobo.
Contestania es el nombre que dan los autores antiguos (Estrabón, Plinio en su Historia Natural, Ptolomeo) a la región sureste de la península ibérica (equivalente al Alicante actual) donde vivía la tribu ibera contestana, cuya cultura está muy influida por la cercanía a la costa y la facilidad que ello suponía para el comercio con fenicios y griegos.
Entre las más sorprendentes, el impresionante kalathos llamado de "la tonta del bote", nombre procede de los rostros que aparecen bajo las asas de este enorme vaso ibérico y cuya imagen, después de un curioso juicio por sus derechos, es en este momento el logotipo del Museo.

Este vaso presenta una riquísima decoración simbólica, por lo que pudo tener un uso cultural o ritual.
En realidad, llaman la atención todas las vasijas y jarras ibéricas con este tipo de decoración. Algunas de ellas son realmente fascinantes. Por ejemplo, el vaso en el que aparece una figura humana envuelta en un manto con capucha sujetando las riendas de un caballo ensillado que camina detrás de él.
Según la documentación, esta escena responde bien a un tema de la vida cotidiana o bien una escena de tipo funerario, en el que un ibero conduce el caballo de un difunto cuya alma, en forma de pájaro con las alas extendidas, les sigue.
En cualquier caso, es una imagen muy poderosa y muy relacionada con el resto de imágenes zoomorfas tan abundantes en esta estética ibérica.
El ave con las alas extendidas es uno de esas imágenes y, además, una de las más extendidas. Posiblemente se trate de un ave rapaz (un águila, por ejemplo).
Además de estas aves, en las cerámicas aparecen jabalíes, peces, conejos o liebres, caballos, toros, cabras y un largo etc de fauna que, acompañados por la decoración típicamente vegetal de zarcillos y hojas de hiedra, representan la significación que los pueblos ibéricos le concedían a la naturaleza que les rodeaba.
Pero son los lobos los verdaderos protagonistas de estas cerámicas. El lobo representa un verdadero icono religioso o social para los iberos. Aparecen lobos en sus escudos, en algunas lápidas funerarias, en las grandes esculturas tan representativas de la época... y por supuesto, en la decoración de las cerámicas de Elche-Archena.
Aquí el lobo, interepretado como el "carnicero", aparece siempre en actitud fiera y desafiante, con las fauces abiertas
Estos carniceros, al igual que las aves con alas extendidas, son muy representativos del estilo Elche-Archena y fueron pintados utilizando pigmentos basados en óxidos de hierro, manganeso y aluminio.
Una de las cosas más curiosas que se pueden observar en los amplios fondos del museo es, precisamente, la evolución de esta cerámica ibérica. Tras la conquista por parte de Roma y la consiguiente romanización de los pueblos indígenas de la península, la decoración ibérica va desapareciendo poco a poco.
Al final de época romana no hay huella de los estilos iniciales de época íbérica, ni de su abarrotado y barroco imaginario.
Pero, a decir verdad, al final de época romana tampoco queda rastro de las bondades de la civilización que el Imperio trasladó a todas sus colonias. Desaparecen las terras sigilatas y cualquier otra obra procedente del comercio. La estrutura social decáe en un acelerado proceso desintegrador que finalizará en la edad media y el feudalismo.
Todo se vino abajo. No hay más que comparar las cerámicas ibéricas, las cerámicas romanas y estas pobres y humildes jarras visigodas para darse cuenta.
Sí, eso pasó también en L'Alcudia. Qué lugar tan fascinante.